Reciprocidad que es dignidad

Desde el 1º de enero, los ciudadanos estadounidenses que llegan al aeropuerto internacional de São Paulo (Guarulhos) son fotografiados y se les toman las diez huellas dactilares. La medida se extendió en los días siguientes a Río de Janeiro y a los demás aeropuertos brasileños. Las cadenas estadounidenses expresaban su estupefacción ante estas decisiones del gobierno de Brasilia. Pero en realidad, ellas no hacen otra cosa que establecer una reciprocidad frente a medidas análogas decretadas por el gobierno de EEUU respecto a viajeros procedentes de Brasil (y de muchos otros países), que comenzaron a aplicarse el lunes 5 de enero. A partir de esa fecha, Estados Unidos tomará las fotografías y las huellas digitales a los 23 millones de visitantes que llegan anualmente al país y requieren visas de entrada, que son los provenientes de todos los países del mundo con excepción de los de naciones europeas (y pocas más) que ingresen para actividades de turismo o de negocios.

La iniciativa partió de un fiscal de Mato Grosso, Pedro Taques, quien presentó la acción ante el juez Sebastião da Silva, alegando que «no podemos permitir que los brasileños sean maltratados en Estados Unidos; la reciprocidad es un instrumento jurídico y debemos usarlo». En su dictamen favorable, el juez condenó las nueva medidas aplicadas a los viajeros en EEUU en estos términos: «Considero el acto en sí absolutamente brutal, que atenta a los derechos humanos, viola la dignidad humana, xenófobo y digno de los peores horrores patrocinados por los nazis». Agregó que «obviamente los ciudadanos europeos y de otros países ricos no serán objeto del acto ultrajante, que será reservado a los nacionales de países pobres de América Latina, Africa, Oriente Medio y Asia».

Según los cables, los viajeros estadounidenses que arribaban el sábado al aeropuerto internacional de Río eran informados durante el vuelo de los nuevos requerimientos, y uno de ellos comentó: «Hubiera preferido que no fuera así, pero lo encuentro lógico, porque Estados Unidos también lo hará». La agencia agrega el siguiente comentario; «Brasil, que ha plantado cara a Estados Unidos en la defensa de sus intereses en la negociación del Area de Libre Comercio de las Américas, es uno de los pocos países que exigen visado a los turistas estadounidenses, por ese mismo principio de reciprocidad».

Dicha reciprocidad exigida por el gobierno de Lula posee los atributos de la dignidad y la salvaguardia de la soberanía nacional y en ese plano merece ser altamente valorada. Pasó el tiempo en que los gobiernos del continente no cencebían otra tesitura que prosternarse ante los poderosos del norte. Algunos andan todavía por los viejos trillos, anclados en el pasado. Pero otros levantan la cabeza, practican una política independiente y soberana, sin atender más que los intereses de su propio pueblo. Es lo que le dijo cara a cara el presidente Lula a su homólogo de la Casa Blanca, al destacar que en en las negociaciones del ALCA defenderá los intereses de su país (y del Mercosur) con la misma tenacidad con que Bush defiende los suyos (en materia de subsidios, aranceles, compras estatales, inversiones, etc.). Todo en un plano de igualdad, sin admitir imposiciones. En el mencionado alegato del fiscal se menciona la afirmación del presidente Lula de que durante su gobierno ninguno de sus ministros precisará quitarse los zapatos al entrar en EEUU (como aconteció con el anterior canciller).

Vemos también en esta acción la afirmación de la autoestima, que Lula destacaba, en la alocución que pronunció entre nosotros el mes pasado, como uno de los rasgos más importantes que se afianzan en nuestros pueblos en la nueva realidad continental.

Esta medida responde además al clima de histeria generado por el gobierno de EEUU desde el 11 de setiembre, que pretende contagiar al mundo. En los últimos días Washington elevó los grados de alerta e introdujo el caos en la navegación aérea, suspendió o desvió vuelos que unían Estados Unidos con Inglaterra, Francia, México y Arabia, mientras su determinación de colocar guardias armados en los aviones o de hacerlos acompañar por caza-bombarderos suscitó repulsa general, y cayó en el ridículo al incluir en la lista de los terroristas a niños de corta edad y a una anciana.

En cuanto al gobierno brasileño, las medidas de dignidad y de dignificación de los ciudadanos también se vuelcan hacia dentro. El primer día del año entró en vigencia el Estatuto de la Persona Mayor (Estatuto do Idoso) que se venía tramitando desde hace siete años en el Congreso, y que concede un salario mínimo a los brasileños de más de 65 años que no puedan mantenerse, además de proveerlos de una atención integral por medio del Sistema Unico de Salud y de una bonificación en los boletos de transporte y las entradas a espectáculos públicos. Análogamente, se defiende la prestigiosa producción cinematográfica nacional aumentando el plazo mínimo de exhibición de sus películas como protección contra la invasión extranjera, sobre todo norteamericana. *

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