¿Uruguay, país turístico?

Las inestables e incoherentes actitudes de algunos gobernantes y empresarios privados en torno a las decisiones que adoptan y que están estrechamente vinculadas al turismo, dan la impresión de que en sus mentes el turismo está graficado por la fría imagen de una playa, dos palmeras, una hamaca colgada de ellas, una hermosa chica tomando sol y bebiendo un vaso de refresco.
Quizá estos señores de decisiones arbitrarias y absolutamente alejadas de una política nacional que proteja nuestra industria turística, no han pensado lo que hay detrás de lo que para ellos es una fría imagen de postal, sin saber lo que realmente es el turismo.

Y es así, las palmeras, alguien las plantó y alguien las tiene que mantener en su crecimiento, las hamacas y los vasos han de fabricarse, esto significa una industria.

Si una persona está recostada en la hamaca con un vaso lleno en la mano, es porque alguien se lo ha servido. Esto es turismo: hacer crecer palmeras, fabricar hamacas y vasos y servir de beber a aquellos que se recuestan en una hamaca.

El turismo supone el encuentro de una demanda y de una oferta.

Quizá ignorando todo lo que esta detrás y al lado del turismo es que se arremete contra «la temporada posible», con un caprichoso y fatuo acto de soberbia al querer implantar un sistema de doble peaje por parte de un ministro que detrás de una mueca gardeliana, ignora los intereses de su colega de turismo que son los intereses del país; por un consulado en Argentina que da diariamente escasos números por día para legalizar documentaciones a turistas que desean trasladar sus autos y pertenencias a Uruguay, obligándolos a concurrir a las 6 de la mañana a organizar una cola en la puerta del Consulado para poder «aceptar» la invitación de venir a Uruguay que con millones de pesos gastados en propaganda organiza el ministerio; por un sistema aduanero lento e irrespetuoso complementado por la torpe gestión de la revisación establecida por el MGAP; por un sistema de atención en los arribo a nuestro país totalmente artesanal e irritante para el turista ,por los irresponsables aumentos de precios en los locales de «grandes superficies» (que deben recordar ,y el gobierno también , que tienen beneficios impositivos cuyo otorgamiento puede ser revisado y revocado ) y otros de la zona balnearia , del caprichoso aumento de las tarifas públicas y ahora el aumento desconsiderado del combustible, cuando se podía haber compensado las ganancias con el incremento en las ventas de combustible, incentivando de esta manera el turismo interno del fin de semana .
Esta industria, la perjudican actitudes como estas que reflejan un querer expresar «esta es mi coto privado y acá mando yo y el poder lo uso para destruir….que el ministro de Turismo se las arregle solo» en su esfuerzo para establecer una política coherente que le dé sentido a una industria, que hoy ya es una ciencia que se estudia en las universidades y día a día se perfecciona y actualiza y que por lo tanto no puede verse afectada por decisiones de agentes de lo absurdo.

Es así que los esfuerzos del ministro Bordaberry para establecer normas y regulaciones que protejan los derechos de los turistas y oriente la actividad privada en la materia, se ven patéticos frente a todas estas actitudes antinacionales que deberían ser analizadas a fondo por el Poder Ejecutivo y el Parlamento a efectos de establecer normas en las cuales pueda el ministro Bordaberry sustentar su estrategia para establecer una política turística en el país y que definitivamente entremos en la era del turismo de todo el año y no del veraneo golondrina y vaya que es importante que definitivamente se perciba una estrategia en un Ministerio de Turismo manejado hasta ahora por intereses ajenos a él.

Así mismo el Ministerio de Turismo debería ser mas enérgico en el control de el «libro de quejas» en todos los locales en los cuales es obligatorio que esté a la vista, exigiéndose que esté ubicado en un lugar visible y las quejas de los clientes sean comunicadas en tiempo y forma al ministerio tal cual lo indica la norma y extender la obligatoriedad del uso del «libro de quejas» a todos los prestadores de servicios turísticos.

Señor Presidente, también de su actitud firme y razonable, para detener esta «batalla campal» de todos contra el turismo, y de su apoyo a la actuación y gestión del ministro Bordaberry depende el futuro de la industria que en el mundo ha llegado a percibir más ganancias que la industria de las armas.-

Vaya paradoja la industria de la paz y la convivencia en el mundo, en Uruguay se ha transformado en la industria de los enfrentamientos y de los caprichos de ignorantes, es patético pero real. *

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