Dios los cría y el diablo los entrevera
Sinceramente, no entiendo mucho a los yanquis (y que el Tío Sam me perdone); yo juro que me esfuerzo, trato de mimetizarme con su cultura, como hamburguesas con ketchup, hot dog con ketchup, espaguetis con ketchup, patatas fritas con ketchup; tengo una perra Lassie con ketchup (perdón, la perra no, la perra es con parásitos), me compré un bate de béisbol para autodefensa, masco chicles, festejo Halloween, tiro fuegos artificiales cada 4 de julio, voy al cine y compro uno de esos extravagantes vasos llenos de palomitas de maíz y hasta miro el Show de Cristina en TV Cable. Pero hay algunas cosas que me dejan extenuado cerebralmente y no logro sacar conclusiones lógicas. Entre estas cosas está el comprender por qué son los yanquis como son.
Es decir, aparentemente como que son medio zanguangos, así, cuando uno ve en el cine a tremendos pelotudos con gorritos de cumpleaños y matracas o subidos a la calesita riéndose como unos tarados, pero en el fondo todos son o unos asesinos al estilo Rambo, o unos ave negra al estilo Kissinger. Es decir, o te matan con el fusil o te deshacen con el portafolios. ¿Se entiende?.
Y entonces uno los ve ahora preocupadísimos por la posible amenaza de un atentado terrorista sobre alguna de sus ciudades, donde supuestamente algún genio del mal extranjero, si es posible con turbante pero si no, no importa, puede ser negro o latino, da lo mismo (siempre que no aparezca con rasgos anglosajones porque allí sí que se les desacomoda la historieta), organizará una masacre de inocentes, mientras sus «bombas amigas» siguen masacrando ancianos, niños y mujeres inocentes en Afganistán e Irak. Lo que no entienden los detractores de George Bush Junior es que los yanquis no matan ni asesinan: ellos pacifican. Sus misiles y sus bombas, sus granadas de fragmentación, sus armas químicas, sus gases letales, sus acorazados, sus armas nucleares y todo lo demás, son herramientas para la paz.
Y mientras tanto, uno sigue aquí, en este humilde rinconcito del mundo, mirando para el norte con ojos preocupados y tratando de entender cómo es posible que los yanquis estén tan preocupados ahora porque de golpe se les apareció una vaca loca y sin embargo por otro lado, tienen a un loco de Presidente y lo aplauden.
Pero mejor, vecino, meto violín en bolsa, me callo la boca y no me la juego, como quien dice escupiendo para arriba. No sea cosa que mañana o pasado se aparezca por aquí una epidemia de vacas llorisconas y nos pase algo parecido. No se olvide que aunque uno sea en inglés y el otro en español, los dos se llaman igual. Porque mire, no hay tu tía. Es como decía mi madre (que Dios la tenga en su santa gloria): Dios los cría y el diablo los entrevera. *
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