Internet: insuficiencias y peligros

En su edición de enero, el mensuario Le Monde Diplomatique publica una nota de su director, el periodista francés de origen español Ignacio Ramonet. Como es habitual en la publicación y en la pluma de su conductor, los temas son abordados con precisión y seriedad y con una abierta toma de partido por los intereses de los países más pobres.

La nota remite a la reunión realizada en Ginebra de la Cumbre sobre la Sociedad de la Información. Fue la primera vez que se celebró una conferencia de este tipo, con la innovación de haber participado, junto con un buen número de jefes de Estado, alrededor de 50, jefes de empresa y representantes de Organizaciones No Gubernamentales, en representación de la sociedad civil.

Sostiene Ramonet: «Hace menos de diez años que Internet llegó al gran público. En tan poco tiempo, ha trastocado franjas enteras de la vida política, económica, social, cultural, asociativa. Hasta el punto de que en adelante, a propósito del estado de la información y la comunicación en el mundo, cabe hablar de un ‘nuevo orden Internet’.

Ya nada es como antes. El aceleramiento y la fiabilidad de las redes han modificado la manera de comunicarse, de estudiar, de comprar, de informarse, de distraerse, de organizarse, de cultivarse y de trabajar de una importante proporción de los habitantes del planeta. El correo electrónico y la consulta de Internet colocan al ordenador en el centro de un dispositivo de intercambios (relevado por el nuevo teléfono que sirve para todo) que conmociona el universo profesional en todos los sectores de actividad».

Una prueba en ese sentido ha sido el proceso de preparación de los materiales que sirvieron de base de discusión en el reciente IV Congreso del Frente Amplio.

La búsqueda de acuerdos entre una veintena (o más) de representantes de los distintos partidos que componen el FA-EP fue posible, entre otras cosas, por las posibilidades de consulta, crítica, mejoramiento y búsqueda de acuerdos sobre textos que, en forma rápida y bajos costos, brinda Internet.

Comentando la conferencia de Ginebra, agrega Ramonet: «Pero esta transformación formidable beneficia sobre todo a los países más avanzados, ya beneficiarios de las revoluciones industriales precedentes, y agrava lo que se denomina ‘la fractura digital’, ese abismo que se abre entre los bien provistos en tecnologías de la información y los desprovistos de ellas que son mucho más numerosos. Dos cifras resumen la injusticia: el 19% de los habitantes de la Tierra representa el 91% de los usuarios de Internet. La brecha digital aumenta y acentúa la tradicional brecha Norte-Sur como asimismo la desigualdad entre ricos y pobres (recordemos que el 20% de la población de los países ricos dispone del 85% del ingreso mundial). Si nada se hace, la explosión de las nuevas tecnologías cibernéticas desconectará definitivamente a los habitantes de los países menos adelantados, especialmente los del Africa negra (apenas un 1% de los usuarios de Internet, entre ellos muy pocas mujeres)».

La nota que comentamos da cuenta también del previsible fracaso de algunas saludables iniciativas y preocupaciones. Por un lado el rechazo por parte de los países ricos de la creación de un Fondo Solidario Digital para promover el desarrollo del sistema en las regiones más atrasadas del planeta. Por otro, la preocupación por establecer, frente a la intromisión de los Estados, mecanismos de salvaguarda de las libertades democráticas en la circulación de ideas e informaciones.

Los hermanos mayores pretenden seguir arrogándose el derecho de actuar sin controles en la comunidad internacional en la materia. Por supuesto, fue la delegación de los Estados Unidos la que impulsó el «no» al fondo solidario y el «no» a la supervisión por parte de la comunidad internacional de la vigencia de los principios democráticos en la red. *

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