Los trabajadores y las transformaciones en Ancap
En una entrevista publicada en la edición de ayer de LA REPUBLICA, el presidente de la Federación Ancap, Hugo de Mello, realiza una serie de puntualizaciones que vale la pena comentar.
En primer lugar porque, pasado el momento de las celebraciones por la victoria popular, es el instante de preguntarse qué ha quedado en pie como problemática sobre Ancap y, más en general, sobre la situación de las empresas públicas.
La discontinuidad de la memoria política, esa atención intermitente a la que a veces conduce un cierto estilo informativo prohijado desde la televisión, que intenta instalar para siempre «el reino de lo efímero», no ayuda a que la ciudadanía visualice el real estado de las cosas. En este caso, de cuestiones que atañen al presente y al porvenir de las empresas públicas uruguayas.
Y dice bien Hugo de Mello, en términos de una reflexión que se podría hacer extensiva a toda la administración descentralizada, Ancap no puede esperar hasta 2005, cuando advendría una nueva administración, para resolver algunos de los problemas esenciales que enfrenta.
Igual criterio debería concluirse para los bancos oficiales, la UTE, Antel, OSE, AFE y demás.
En los últimos meses, y sin que al asunto se le diera demasiada relevancia, se ha producido una nueva vuelta de tuerca en la aplicación de un criterio nefasto para el país.
Nos referimos a la provisión de cargos en los Directorios de los Entes ante la renuncia indicada por la Constitución para los directores que aspiran a participar directamente en la campaña electoral.
Las dificultades para dotar de conducción a organismos fundamentales alcanzó ribetes escandalosos: demoras que provocaron situaciones de acefalía, nombramientos de figuras sin antecedentes ni calificación en el área que tendrán que administrar, prevalencia de criterios clientelísticos.
¿Cómo podrían mejorar su gestión empresas desafiadas por gravísimos problemas si están conducidas por personal carente de calificación, desprovisto de planes, alejado de la mano de Dios y demasiado cerca de las presiones privatizadoras?
Pero el razonamiento por demás claro de Hugo de Mello incorpora otra problemática específica de Ancap.
Nos referimos a la demanda realizada desde filas de las organizaciones que participaron en la campaña que culminó el 7 de diciembre en el sentido de exigir la renuncia del Presidente del Directorio de Ancap, señor Jorge Sanguinetti.
Resulta en ese sentido una nueva muestra de la imperturbabilidad del sistema político oficialista uruguayo. Un sistema que tiene la piel gruesa, nada lo roza; ante ningún pronunciamiento popular se dan por aludidos.
El Directorio presidido por Sanguinetti tomó partido a favor de la papeleta celeste en defensa de la Ley 17.448. Intervino mal, desbordó sus facultades y generó la protesta y las acciones legales correspondientes por parte de las fuerzas políticas y sociales que impulsaban su derogación.
El Directorio fue desautorizado por sus mandantes, los ciudadanos uruguayos.
Sin embargo, no se les mueve un pelo.
Mientras tanto, hay varias asignaturas pendientes, como el asunto del portland, acerca del cual este Directorio y el anterior realizaron asociaciones ruinosas, como las llevadas a cabo con Loma Negra de Argentina.
Y el aumento de las tarifas de los combustibles.
La reforma del Estado o como se llame, la necesaria transformación de las empresas públicas, requieren de una conducción política con más sensibilidad y más sentido patriótico que las actuales.
Pero la obcecación y el empecinamiento siguen siendo una de las principales características de este gobierno. *
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