La sandía en la basura y las previsiones de la CIA
NO SÃ DE DÃNDE habrá sacado Guillermo Waksman la afirmación que abre su nota sobre el Congreso del FA en Brecha del día 26 en el sentido de que «en Brasil, a punto de cumplir su primer año como presidente, Lula acababa de reconocer que el contacto con el gobierno le había hecho perder muchos de sus sueños». Muchas veces a lo largo de este año se le ha escuchado decir exactamente lo contrario: que había llegado al gobierno para cumplir sus sueños, en primer lugar que cada brasileño pudiera acceder a tres comidas diarias (y ha dado pasos importantes en esa materia, con el programa Hambre Cero y la Bolsa Familia). En el balance que realizó en el Planalto el 18 de diciembre dijo: «Termino este año inmensamente más feliz que como lo comencé». Pero además, lo vi hace unos días en la pantalla comentando emocionado que en Rio de Janeiro un indigente estaba comiendo un trozo de sandía sacada de un tacho de basura, y decía que con Lula presidente ya no tendría necesidad de comer de la basura. «Yo vine a realizar ese sueño», dijo el mandatario, que finaliza su primer año con un insólito índice de aceptación del 69%, mayor en los sectores más carenciados. Existe un fuerte factor emocional, de confianza en el presidente, por su origen social, su carisma, su identificación con el pueblo, su capacidad de diálogo y su voluntad de tejer las alianzas imprescindibles para alcanzar las mayorías requeridas.
Estas se fueron construyendo laboriosamente, y constituyen un notable aporte de Brasil al proceso de unidad y alianzas de la izquierda en el gobierno. Esa política de alianzas, que fructificó en la votación de las reformas previsional y tributaria y otra serie de leyes, unió a la gran mayoría de las fuerzas sostenedoras de la coalición de gobierno con un grupo apreciable de legisladores de la oposición, cortando transversalmente a esos partidos. Al mismo tiempo se concertó y se negoció con los movimientos sociales. De esta suerte, y manteniendo un rumbo firme y seguro, se alcanzaron una serie de resultados concretos, que abren el año 2004 con buenas perspectivas. No todo se hace en un día, ni siquiera en cuatro años. Tiempo al tiempo. Pero lo importante hoy es como decía Lula en su balance del primer año que «el Brasil de todos ya comenzó» (ése era precisamente el título de mi nota del día 28 en que enumero los éxitos alcanzados, y a la que me remito por razones de espacio).
No es extraño que desde la vereda de enfrente se procure erosionar esa perspectiva y esa confianza. El imperio ha puesto en marcha sus instrumentos, los «think tanks» que estructuran las políticas de la Casa Blanca, al estilo de los sucesivos documentos de Santa Fe y sus variantes. El Consejo Nacional de Inteligencia (NIC en inglés), que es un camuflaje de la CIA, parió el documento «América Latina en el 2020″, que lleva un subtítulo con atisbos leninistas: «Dos pasos adelante, un paso y medio atrás». Ahí dispara con munición gruesa para aventar toda expectativa de cambio en el continente y sobre todo en Brasil. Dice que seguirá la pobreza así como la brecha entre ricos y pobres, que el Mercosur languidecerá y Brasil no será miembro del Consejo de Seguridad. O sea que coloca en la mira los centros neurálgicos de la política interna y externa del gobierno de Lula. ¿Estas previsiones son el fruto de un análisis o un mero indicador de la dirección en que apuntará sus proyectiles el gobierno de Bush? Nuestro conocido Aloizio Mercadante, senador electo con 10 millones y medio de votos en São Paulo, prefirió hacer la pregunta en lenguaje típicamente brasileño: «¿Será que quienes hicieron las previsiones son las mismos que cuidaban la seguridad de los norteamericanos antes del 11 de setiembre?».
En todo caso, es bueno saber que otros estudios, éstos sí sobre bases serias, arriban a resultados diametralmente opuestos. El historiador Paul Kennedy, catedrático de la Universidad de Yale, señala en un análisis para el banco de inversiones Goldman Sachs que en 2020 la economía brasileña será similar a la de Francia y que, por otra parte, «ni el Indico ni el Pacífico serán un lago estadounidense dentro de 50 años». Otra prospección del mismo banco indica que cuatro países hoy emergentes, designados con la sigla BRIC (Brasil, Rusia, India y China) irán ganando posiciones hasta ejercer un papel prevalente en el mundo, eclipsando a varias de las actuales potencias centrales. Su PBI conjunto sobrepasará al de EEUU, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia, destacándose las potencialidades de China y la India. Con ambos se unió Brasil en el G-22 en Cancún, a la vez de conformar el G-3 con India y Sudáfrica e intensificar sus relaciones con Rusia. No es malo atalayar el futuro en base a la realidad actual en acelerada transformación. Y ese futuro puede ser muy distinto al que imaginan para conformar los deseos de sus mandantes los capitostes de la CIA. *
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