Nuestros afanes para concretar la esperanza

«…Habrá de operarse el venturoso encuentro de todos los nobles propósitos, de todos los afanes patrióticos, en la misión histórica del rescate de la nación

Pensamiento de Don Luis Pedro Bonavita

El año 2004 va a ser un punto de inflexión para el conjunto de la sociedad uruguaya. En el transcurso del mismo se definirá el futuro del país. Las opciones serán la continuación, a partir de marzo de 2005, de la estructura económica y social pergeñada y llevada a cabo por los partidos tradicionales que han gobernado nuestro Uruguay o el inicio de los cambios que la mayoría de los compatriotas aspiramos.

Los tiempos transcurren implacablemente y habrá que asumir las responsabilidades del caso. Nadie puede estar ajeno ni ser prescindente, cuando el futuro de todos nosotros depende de lo que hagamos y como actuemos.

Ya basta de angustias, sufrimientos, marginación, desempleo y emigración; ya basta de políticas económicas que sólo han logrado el beneficio de unos pocos en detrimento de la calidad de vida de las grandes mayorías; ya basta de apostar casi exclusivamente a la plaza financiera, que por otra parte ha fracasado; ya basta de la irrestricta apertura del mercado que originó el cierre de centenares y centenares de industrias, el quiebre de sectores de la granja, de la lechería, de la agropecuaria e inclusive de miles de comercios, trayendo consigo el achicamiento del mercado interno y el incremento desproporcionado del desempleo.

Los ciudadanos uruguayos tenemos la oportunidad de transitar por cambios profundos, que nos permitan recuperar la dignidad de cada uno de nosotros y al mismo tiempo izar en lo más alto del mástil la bandera de la esperanza y también, por qué no, de la utopía, que parece imposible realizar, pero que todos juntos podremos concretarla.

Hemos sentido y sufrido el descaecimiento de nuestra sociedad, como consecuencia de la aplicación de pautas económicas que sólo han originado el incremento de la pobreza, en lugar de brindarle a nuestra gente un mayor bienestar. Por ello estimo que han llegado los tiempos de los cambios y la esperanza, pero de una esperanza palpable y realizable, en la medida de que nos convenzamos que nuestros hijos merecen un futuro distinto.

En el transcurso del año 2003 se han logrado hitos trascendentes a través de las movilizaciones de la sociedad. La entrega de las firmas necesarias, a la Corte Electoral, para que se ponga a consideración del soberano una Reforma Constitucional que asegure que el agua siga perteneciendo a los uruguayos, inclusive el Acuífero Guaraní, hay que valorarlo. La recolección de 685.000 firmas para derogar, a través de un referéndum, la Ley 17.448, de Asociación de Ancap, fue otro mojón importantísimo culminado con la victoria del 7 de diciembre con la papeleta rosada.

Pudimos apreciar, una vez más, como el movimiento sindical actuaba con responsabilidad y firmeza ante los embates de la derecha, a las cuales se les demostró que la Central de Trabajadores permanece aglutinada y dispuesta a defender a sus afiliados, como se hiciera a nivel del Poder Judicial, de la salud y de los propios jubilados, entre otros.

Pero también la esperanza de cambios, de coherencia, de Unidad y responsabilidad política estuvo reflejada en la realización del «IV Congreso Extraordinario Héctor Rodríguez» donde se analizaran las Grandes Líneas Programáticas, 2005-2010, que nos permiten presentarnos ante la opinión pública con respuestas concretas, accesibles, responsables y de cambio para revertir la actual problemática económica y social que vive la inmensa mayoría de los uruguayos.

Llegaron los tiempos de cumplir con la misión histórica de rescatar la Nación, como dijera Don Luis Pedro Bonavita; de derrotar definitivamente las inhumanas políticas económicas neoliberales implementadas por el actual gobierno, sustentado por el Partido Colorado y el Partido Nacional, que llevaron al país a la crisis más profunda durante el año 2002 y a recorrer por quinto año consecutivo la recesión, en el 2003.

No es suficiente que los analistas políticos, nacionales e internacionales, en el cuerpo diplomático y en los corrillos de los propios partidos tradicionales se diga que el próximo gobierno de la República será del Encuentro Progresista- Frente Amplio, es imprescindible continuar trabajando, como siempre, para asegurar las transformaciones necesarias, pero al mismo tiempo seguir insistiendo, machaconamente, que es posible ahora, hoy, comenzar a atender los requerimientos de los sectores de ciudadanos que fueron más golpeados por la crisis; de restituirles la posibilidad de trabajar; de cerrar el grifo permanente de la emigración que desangra a la sociedad.

Por todo ello apostemos al «encuentro venturoso de todos los nobles propósitos, de todos los afanes patrióticos…», construyamos un Uruguay con esperanza. *

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