¡Ya no es más mi presidente!

Debido al hábito democrático que poseemos los uruguayos, luego de ocurrido un acto eleccionario, acatamos el resultado, y la mayoría aceptamos que la persona favorecida se convierte en el Presidente de todos nosotros, aunque no lo hayamos votado y pensamos muy diferente a él. Sin embargo, nuestra búsqueda de esperanzadoras ilusiones, añoramos que el nuevo mandatario aplicara medidas que permitan que los compatriotas logremos vivir mejor.

En 60 meses debe actuar eficazmente para guiar los destinos del país, y resulta que al actual jerarca le restan 15, y por lo demostrado, ya no tiene tiempo de modificar los lineamientos básicos que mejoren la situación general del Uruguay. Y conociendo muchos de sus actos protagonizados en este año, me han demostrado que ya no lo puedo reconocer como la figura que defienda al conjunto de compatriotas y que, por el contrario, sólo se preocupa por una minoría que aparenta ser la de los auténticos verdaderos demócratas que ha dado la Nación.

Que aumente la pobreza a limites insuperados, que el desempleo se acentúe mes a mes, que los jóvenes se tengan que separar de su querido territorio, que se vacíe el campo, que cierren las industrias, que los jubilados se mueran más de hambre que de viejos, que aumenten los suicidios, que los ahorristas hayan sido estafados, que los enfermos no consigan sus remedios, que esto y que lo otro, son muchos motivos que prueban que el balance de este 2003 es totalmente negativo a la figura del primer mandatario.

Si bien la interna nos demuestra pruebas bien claras cuando se corre enseguida a salvar a los inescrupulosos banqueros y se dejan cerrar puertas como las de Cristalerías y se ponen trabas a las de Funsa, Sudamtex o Manzanares, no resultan menos preocupante las actitudes que se adoptan a nivel internacional.

Los uruguayos somos solidarios y queremos un Mercosur en el que seamos verdaderos protagonistas, y no meros minúsculos soldaditos inadvertidos. Por el contrario nuestra capacidad histórica nos encamina a abrazarnos íntimamente con hermanos como los que ahora tenemos que nos aprecian y reconocen, tanto brasileños como argentinos, hasta los paraguayos y ahora también los chilenos, dentro de poco bolivianos y peruanos y en cualquier momento hasta con los venezolanos.

El pueblo uruguayo piensa muy diferente de quien argumenta representarnos en estos momentos, no podemos catalogar despectivamente a las personas que actualmente dirigen los destinos de nuestros países vecinos, sin tener en cuenta las consecuencias que ello pueda acarrear tanto a nivel económico, como comercial y hasta turístico.

Para muchos de nosotros este señor no nos está representando, porque sus acciones son personales, antojadizas y fundamentalmente inconsultas. El tiene la obligación funcionarial de ser el Presidente de todo un pueblo y expresarse luego de aprobado el criterio mayoritario.

Todavía se ufana en comidas que le tiende el pequeño grupito de sus favorecidos, mofándose del resto de compatriotas que sufrimos por nuestros menguados oficios y vivimos por milagro con nuestras familias destruidas por los traumantes exilios de hijos y nietos.

También se alegró de reabrir la timba hípica, en lugar de inaugurar por lo menos la mitad de lo prometido por el Ministerio de Vivienda y hasta se dignó vetar leyes, entre las que quería que los ancianos manejan los modernos adelantos tecnológicos para cobrar los cuatro vintenes que reciben de limosna jubilatoria.

Ahora ve a un fascista en cualquier persona opuesta a sus actos y sin embargo protagoniza inéditas postergaciones para la readecuación proporcional de las dos más importantes instituciones en la esencia democrática por las cuales Uruguay se enorgullece. Gracias a una vaga indecisión constitucional que no establece los períodos cívicos para integrar nada menos que las oficinas que controlan tanto los gastos públicos generales como lo son el Tribunal de Cuentas y por otro el organismo rector de las elecciones en nuestro país, otrora verdadero orgullo de los uruguayos, la Corte Electoral, que en pleno diciembre de 2003 todavía se integra con ministros correspondientes a la anterior elección nacional.

Esto, cada día que pasa preocupa más, porque es la representación más clara de la falta de voluntad que tienen colorados y blancos de mantenerse en lugares clave para la vida del país. Eso no es serio, porque da lugar a sospechas, en lugar de exhibir a plena luz, la pureza del accionar imparcial de una oficina netamente política.

En el balance, me apena tener que reconocer que este señor no me puede representar y deseo que cuanto antes se acoja a su jubilación, como ya lo hicieron sus antecesores que no pueden prometer de nuevo las mentiras que nos pintaron y que perdieron el tren al no cumplirlas años atrás.

Sólo el cambio puede ofrecernos una mejor perspectiva, que tampoco puede ser milagrosa ni mágica, pero estoy seguro que por lo menos, transitará por un camino muy diferente al de estos representantes de partidos en decadencia que deberán admitir sus reiterados fracasos a lo largo de 170 años.

Los uruguayos ya lo demostraron el 7 de diciembre, no sólo defendiendo a Ancap, sino anunciando que en 2004 intentarán el cambio como forma de probar otra manera de gobierno. *

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