Sobre la libertad de prensa

El Congreso del Frente Amplio, centro informativo del fin de semana, fue una demostración de cómo se puede discutir en democracia, sin enfrentamientos estériles y sin el temor de que la prensa se encuentre presente en el lugar. Se permitió, como debe ser, además de la presencia de periodistas en la sala, la transmisión radial del evento, elemento que muestra cómo el aire fresco ha comenzado a envolver a quienes, más allá de las discrepancias que tengan para dilucidar, no temen que las distintas posiciones se hagan públicas. No hubo posiciones vergonzantes, ni reduccionistas. Los fantasmas sobre la prensa quedaron bien guardados y, por esa razón sustantiva, el Congreso fue un éxito también desde el punto de vista mediático.

Por supuesto, y esto sabían bien los organizadores del evento, nadie puede pretender que la prensa tenga criterios informativos homogéneos, pues los medios son empresas que representan a intereses muchas veces contrapuestos. Esa es una realidad de a puño que todos los periodistas conocen muy bien. Pero ello, más allá de otras consideraciones, es uno de los basamentos de la democracia.

El Frente Amplio lo entendió así, abriendo su Congreso a todos los periodistas. Y quienes tomaron esa resolución, que determina también una confrontación informativa, deben estar satisfechos por lo logrado, porque las posiciones que se sustentaron también fueron dilucidadas, de alguna manera, fuera de ese ámbito cerrado.

El otro estilo, el cerrado, sólo sirve para que las informaciones se distorsionen, ya que los periodistas deben recurrir a «fuentes», casi siempre interesadas en llevar agua para su molino, por lo cual la información que se maneja muchas veces no es confiable. En esta oportunidad los periodistas de LA REPUBLICA estuvieron presentes y todo el Congreso se escuchó por 1410 AM LIBRE, para que nadie tuviera dudas de lo ocurrido, muchas veces en situaciones ríspidas, entre los casi 1.500 delegados.

Qué diferente a lo vivido en ese Congreso, abierto y democrático, es la agresión a mansalva contra el periodista Ricardo Gabito Acevedo, baleado por la espalda por un sicario que buscaba amedrentar al compañero de tareas para que acallara sus denuncias sobre hechos ocurridos en el ámbito del negocio del fútbol.

Esperamos en este caso concreto, que las autoridades respectivas investiguen a fondo el hecho y, luego de dilucidar las responsabilidades, se sancione con la máxima fuerza a quienes, no sólo atentaron contra un periodista, sino que lo hicieron para implantar el miedo que impida que muchos trapos sucios sean conocidos.

Los delincuentes que le pagaron al sicario deben ser desenmascarados, de una vez por todas, de forma de llegar al fondo de una problemática que muchos conocen, pero de la que nadie habla, exceptuando a nuestro compañero Gabito.

En definitiva, defender la libertad de prensa y de información, es hacerlo con la democracia que está necesitada de esa expresión libérrima que impida que en nuestra sociedad sigan imperando zonas oscuras, desconocidas, donde se mantiene la reserva o el secreto sobre posiciones que, igualmente, después se conocen.

Tampoco es posible, ¡nadie lo debe permitir!, que se utilice la agresión física contra trabajadores que realizan periodismo de investigación, y que denuncian situaciones gravísimas que deberían quedar claras de inmediato.

Son dos visiones para un problema que es global. *

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