El FA en el gobierno: ¿y después, qué?

El título pertenece a una columna publicada en esta misma sección de LA REPUBLICA (16/12/2003), por mi viejo amigo, compañero de estudios y posteriormente de AEBU, Jorge Croce, en su carácter de dirigente del Movimiento 20 de Mayo.

Luego de tomar nota que hay un Congreso, que todo indica que somos favoritos para octubre próximo, mi viejo amigo nos aclara que existen solamente dos opciones:

1) «El FA se camufla dentro del sistema político permitido por la derecha y trata de administrar la crisis.» Las consecuencias de esa opción significarán «sin levante, un corto vuelo y un defraudar las expectativas de la gente, que quedaría así, muerta su última esperanza.»

2) «El FA asume el rol de cambiar las estructuras perversas del sistema perverso.» Confiesa que descree que se elija este camino porque las «mayorías dirigentes, a través de algunas decisiones de cúpula y el decaecimiento revolucionario de sus propuestas», sólo se afanan en «sumar votos de los moderados uruguayos.»

Posteriormente indica las cosas que no se deben olvidar (la lucha de clases, la antinomia opresores-oprimidos que no puede superarse en un seminario); así como lo que no se debe intentar (nuclear a los perjudicados por el gobierno, disponer de una central de trabajadores dependiente, ser un nuevo vendedor de ilusiones, limitarse a la proclama hueca de libertades y derechos), terminando en las que se deben hacer (contribuir a la liberación del pueblo, ser transgresor, cambiar las reglas de juego)

De no atenderse estos principios saldrán todos a la calle, acompañados por los enemigos de siempre, en una rebelión popular a prenderle fuego al gobierno. «Y muerta la última esperanza pacífica y pacificadora, quedará abierta única y definitivamente,(…) la vía revolucionaria.» Habrá llegado el tiempo del Apocalipsis, creo leer.

Yo no puedo compartir estos vaticinios ni ahí. Se lo he dicho a mi amigo en alguna cena de ex compañeros de la Facultad, en amables apartes. Pero creo que cuando esos vaticinios horrorosos se hacen públicos, debo expresar mis opiniones al respecto, muy brevemente, para no abusar del espacio:

1.- Escribo esto en vísperas del inicio de la etapa final del cuarto congreso del FA. En un fin de semana se resume una discusión extensa y extendida a lo largo de tres años, analizando, hurgando, conociendo, investigando y proponiendo soluciones. Con riqueza con laboriosidad, atendiendo a los principios rectores de la fuerza política. Quiero decir, por si no está claro, que los frenteamplistas   incluidos los dirigentes que, presuntamente, piensan nada más que en la caza de votos   estamos abocados a la posibilidad de gobernar, mucho antes de que lo anticiparan las encuestas. Nos alcanza con ver como nos reciben, cada día, más compatriotas. Y por encima de ello, nos impulsa el fervor que nos dio nacimiento, hace más de treinta años.

2.- No comparto que las opciones sean únicamente dos, puestas así, en blanco y negro. Yo creo que la fuerza política debe ser fiel a sus principios; pero también tiene que conocer que el desarrollo de la vida nos abre caminos, nos pone vallas, o nos levanta muros, que no estaban en la hoja de ruta cuando comenzamos la andadura. Uno de los documentos del congreso habla de la conexión y autonomía que debe existir entre la fuerza política y el gobierno. El gobierno debe dar respuestas inmediatas a los problemas del hoy, las vallas no previstas, digamos; mientras que la fuerza política debe planificar los nuevos escenarios de mañana, cuando hayamos producido los primeros cambios en el rumbo elegido. Yo no conozco ningún camino de avance que sea rectilíneo. Todos son sinuosos; y a veces, incluyen retrocesos.

3.- Considero que el gobierno del FA y sus aliados será para toda la gente. No debemos repetir el esquema de buenos y malos a que nos quiere reducir la coalición, pero al revés. Por supuesto que serán otras las prioridades y otras, las exigencias (ver programa). Pero no excluiremos a nadie.

4.- No comparto que un solo compañero frenteamplista se ponga en la vereda, al margen de la intensa vida y compromiso que exige la militancia, a indicarnos lo que hay que hacer o dejar de hacer, sin mojarse, como corresponde a todo buen pescador. En el programa que apruebe la fuerza política habrá mucho o poco de mis opiniones; todo dependerá de la capacidad que yo haya tenido para comunicarlas, o del nivel de aprobación, o rechazo que ellas recojan entre el resto de los militantes, que, no olvidar, son todos tan valiosos como yo.

5.- Estoy seguro que tendremos mil dificultades, zancadillas y tropiezos. Ho Chi Minh, que fue mucho más dirigente que nosotros y muchísimo más humilde, nos aconsejaba de armarnos de paciencia, porque, si bien es muy difícil crear un movimiento, darle vida y continuidad, las verdaderas dificultades, comienzan cuando se triunfa.

Y con esta última certeza, yo me permito aconsejar que nos armemos de mucha decisión y paciencia, para insistir, una y otra vez, en el destino elegido; rectificando el rumbo tantas veces como sea necesario; confiando en todos los compañeros, que no son distintos a mí, sujetos, todos, a los mecanismos de control necesarios.

Para mí, esto es la revolución. No es un grito, ni un resplandor impresionante, sino toda la vida.

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