Un nuevo país en un nuevo contexto
Los derrotados del referéndum todos sabemos quiénes son se afanaron por intentar sacar el tema de la troya con sospechosa premura. Incluso cuando no se habían dado los resultados finales, aunque la tendencia ya era irreversible. Los muchachos se fueron a dormir temprano.
Sin embargo, hay dos razones por las cuales el tema merece permanecer en el centro de la escena, convirtiendo el referéndum en el más fiel resumen del año que se va y en el anticipo del año que se viene. La primera es la contundencia de la victoria; la segunda, la conjunción de las fuerzas sociales y políticas que la hicieron posible. Ambos enlazan la jornada del 7 de diciembre de 2003 por Ancap con la del 13 de diciembre de 1992 por Antel.
La magnitud del triunfo no se agota en los 1:201.626 ciudadanos que confluyeron en el voto por SI (más los observados correspondientes, cuyo examen se le ahorró a la Corte porque la ventaja superó holgadamente el medio millón de votos). La cifra corresponde al 62.21% de los 1:931.660 votos válidos, mientras el NO se redujo a 684.129 (35,42%) y se le sumaron 45.905 votos en blanco (2,38%). Es notable la homogeneidad geográfica de la victoria. Se ganó en 16 de los 19 departamentos. En Paysandú se alcanzó el vértice del 71,5%. En Salto, Soriano, Colonia, Canelones, Maldonado, Rocha, Cerro Largo y Montevideo se superó con creces el sesenta por ciento. Se perdió en Flores (donde se obtuvo el 45,7%), en Lavalleja (47,2%) y en Tacuarembó (por los votos en blanco, ya que el SI aventajó al NO). En Montevideo, donde 2 de cada 3 ciudadanos votaron por SI, se destacó la zona del Cerro, con una votación del orden del 70%, La Teja con 76%. En una mesa de una escuela del Cerro se alcanzó casi el 90%, allí los partidos tradicionales desaparecieron del mapa.
Tampoco hubo fractura generacional. Al contrario: más del 70% de los jóvenes votaron por SI, y era visible que estuvieron activamente enrolados en la campaña.
Otros elementos a tomar en cuenta: a) a pesar de la sangría de la emigración, votó más del 83% de los habilitados; b) los votos anulados (en su mayoría prolija y meditadamente anulados, colocando las dos papeletas juntas) alcanzaron el récord de 87.479 (4,33% de los emitidos); c) Batlle obtuvo en el balotaje 1:158.708 votos.
Vale la comparación con el referéndum de 1992 por Antel bajo el gobierno de Lacalle. Se ganó por más de 72 a 27 (fácil de recordar porque es capicúa), también con distribución homogénea en todo el país. En ese caso hubo una variante: el movimiento fue tan arrollador que a último momento Sanguinetti se subió al tren en marcha. Casi 3 de cada 4 ciudadanos votaron contra la privatización del ente de las telecomunicaciones.
Pero hubo otra circunstancia análoga, y entramos al segundo punto: la armónica conjunción de fuerzas políticas y sociales por un objetivo común. Esto es lo que logró desmontar el cúmulo de maniobras urdidas desde la etapa de recolección de firmas, y a la vez está lleno el futuro. Como antes el sindicato de Antel, ahora el de Ancap asumió la iniciativa y encabezó el movimiento. Se sumaron todos los partidos de la izquierda, movimientos sociales diversos como Fucvam y muchos otros, personalidades de todo tipo y origen particularmente del medio agrario, universitario y estudiantes, intendentes, dirigentes y grupos de partidos tradicionales que de alguna manera contrabalancearon la decisión del senador Astori. Y esto es grávido de consecuencias para el porvenir. Para el gobierno futuro y para la futura tarea de gobernar. Lo decimos con todas las precauciones del caso, aventando cualquier visión mecanicista o panglossiana, reiterando una vez más que lo primero es cazar el oso, para lo cual se requerirá un esfuerzo intenso y prolongado, y el fervor participativo de millares de militantes conscientes. Pero sería miopía incurable dejar de percibir que tras el 7 de diciembre el país ha cambiado, empezando por el ánimo de la gente, la conciencia de su fuerza cuando se une por una causa justa. Cómo se recordaron estos días revalidando un antecedente cercano y querido, con una esperanza renovada y sin miedo a ser feliz.
Porque también ha cambiado el contexto latinoamericano y regional. Sentíamos la vigencia y profundidad de estos cambios al escuchar a Lula, a Kirchner y a Mesa en la Intendencia el martes pasado. Todo está cambiando, y los cambios van a proseguir. Nunca tuvo este continente y esta región un sentido tan elevado de la autoestima como en el momento actual. Esto se dijo en términos muy claros y sentidos, y corresponde plenamente a la realidad. El Congreso de estos días y la campaña el año entrante significarán un esfuerzo concentrado para acompasar al Uruguay a estos nuevos tiempos. *
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