Los dos consensos

Mal que le pese a nuestro Presidente (felizmente se va pronto), que a marcha camión camina a contrapelo del Mercosur, de la historia en definitiva, la integración regional avanza gracias a una nueva realidad política regional. A lo que se agrega el acuerdo Mercosur- Comunidad Andina de Naciones.

Hay aspectos que no ocupan los titulares de la gran prensa, preocupada exclusivamente en aranceles, tarifas, subsidios, compensaciones, políticas comerciales y monetarias, dumping, etc. Que es necesario considerar sin duda, pero no a costa de ignorar olímpica y frívolamente los aspectos sociales de la integración, esenciales para las grandes mayorías de la región.

«Reafirmamos nuestra convicción en el trabajo decente como instrumento más efectivo para la promoción de las condiciones de vida de nuestros pueblos», han dicho Kirchner y Lula en el Consenso de Buenos Aires. «Por eso apoyamos la Conferencia Regional de Empleo del año 2004″.

En las antípodas, quienes gobiernan el mundo han dicho a través del Consenso de Washington, que hay que promover la liberalización financiera y comercial, privatizaciones, desregulaciones, reformas laborales (¿como la que se aprobó en el Senado argentino?). Poniendo al servicio de esos siniestros designios las instituciones globales: Fondo Monetario, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio.

La Coordinadora de Centrales Sindicales del Conosur — CCSCS– les ha dicho a los cuatro presidentes hace 48 horas, que es necesario transformar la estructura productiva de la región para ser competitivos en el mundo, pero no basada en la informalidad del trabajo y mano de obra barata.

No es para menos. Los gobiernos de Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, acerca de la informalidad, admiten porcentajes entre un 49 y 65%: 38%, 50% y 34% respectivamente. Confesando, además, los bajos porcentajes del PBI destinados al fomento del empleo. De ahí las condiciones precarias de trabajo. A no hacerse los distraídos entonces, cuando se producen enormes movimientos migratorios en la región. ¿Cómo sorprenderse ante la gigantesca diáspora uruguaya?

Por ahí anda un discurso neoliberal que, como al pasar, con apariencias de ¡muy democrático!, nos quiere hacer creer que la emigración es un acto de libertad, por el cual el que se va opta libremente.

¡Ah cínicos! Claro que hay derecho a optar cada uno por el lugar de residencia que se le antoje. Pero no pueden ignorar tan impúdicamente que igualmente existe el derecho a no emigrar por razones de necesidad, cualesquiera sean los motivos. Pensar que el Fondo Monetario fue creado para prevenir la depresión y el sueño del Banco Mundial, según repite a cada momento, es ¡un mundo sin pobreza! *

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