Trascendente congreso de las izquierdas

Ala vez una y plural, la izquierda uruguaya ha suscitado siempre el interés del pensamiento social europeo y latinoamericano. Para los de afuera, una «rara avis» que nació y sobrevivió a las divisiones y a la represión del terrorismo de Estado.

Que soportó tensiones internas graves y dramáticos debates.

Algunos, cuando el país todavía olía a pólvora, sobre «las vías de la revolución».

Después, cuando en Uruguay se instaló el imperio de la picana y el tacho, otras controversias, por cierto intensas, se desarrollaron en el seno de la izquierda acerca de cómo situarse ante el avance del estamento militar sobre las instituciones de la democracia.

O en cómo salir de la dictadura y cómo situarse ante el polémico pacto concluido en el club de los marinos.

De esas experiencias y de las que siguieron, el instrumento de las izquierdas uruguayas encontró la forma de salir fortalecido.

Ante lo nuevo que irrumpía en el mundo, supo ser a la vez el mismo y ser distinto. De adecuarse, sin renunciar a lo esencial de su identidad como fuerza impulsora de las transformaciones.

Con los noventa llegó la responsabilidad de asumir el gobierno del departamento de Montevideo.

Las derechas pronosticaron el advenimiento inmediato de los soviets y del caos. En lugar del aquelarre, las izquierdas le brindaron al país un estilo de gobierno nuevo, que apostó a la descentralización y la buena administración.

Y hubo buenos gobiernos, respaldados por mayorías siempre crecientes.

El capitalismo salvaje, hoy señor de la Tierra, le imprime al planeta un ritmo febril. En las orillas del mundo, los pueblos de nuestra América Latina intentan una vez más recuperar lo perdido, detener la sangría, frenar el despojo.

Se reafirman las viejas muestras de la dignidad, y Cuba sobrevive a cercos, bloqueos y amenazas. En Venezuela, el movimiento bolivariano profundiza su singular experiencia popular, con indudable apoyo democrático y nítida entonación antiimperialista. La experiencia de Kirchner en Argentina ha sorprendido, pero no hay que olvidar que atrás de toda esta peripecia está el sacrificio de un pueblo que ha luchado y lucha. También en Brasil, un partido de izquierda ha alcanzado la primera magistratura y hay un obrero metalúrgico al frente del gobierno.

En este contexto las izquierdas uruguayas discuten sobre el futuro del país. Sobre qué planes desarrollar para sacar al país del atolladero. Sobre qué propuestas políticas poner el acento para profundizar la democracia y la participación popular.

Las relaciones de un gobierno popular con los sindicatos, ¿a partir de qué cuadro conceptual se desarrollarán? Resolver bien esta ecuación será un paso importante. De ahí la importancia del tema que se examinará en el Congreso.

¿Cómo reactivar la economía del país y asegurar mejoras en el ingreso de los trabajadores? ¿Cómo desarrollar políticas de creación de fuentes de trabajo? ¿Cómo resolver los problemas de la salud pública y del sistema mutual? ¿Cómo abordar los delicados temas de la educación?

Sobre todo esto se discutirá en el Congreso que se inicia en la jornada de hoy. Evento cuyo nombre evoca y homenajea a ese gran luchador sindical y político que fue Héctor Pío Rodríguez Da Silva, uno de los legendarios fundadores de la CNT y también del Frente Amplio.

Hay un hecho destacable que a menudo sorprende al observador extranjero: todas estas cuestiones trascendentes, unidas a la proclamación de las candidaturas a la Presidencia y Vicepresidencia, se discutirán en un Congreso de Comités de Base. Un congreso profundamente democrático en su constitución y sus normas de funcionamiento. Un Congreso que rompe con las concepciones políticas elitistas, que reservan para las pequeñas minorías la adopción de las decisiones que importan.

Cuando todavía no se han apagado los ecos de la gran victoria del 7 de diciembre, el Congreso del FA parece constituirse en un jalón en la incontenible marcha de las izquierdas hacia el gobierno nacional. *

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