10 puntos
A los trabajadores de Cristalerías del Uruguay. Por el amor al oficio y la constancia en la defensa de su fuente de trabajo. Y con expresión de solidaridad y esperanza en el lapso de espera que comienza.
Más de un año ocuparon su fábrica, más de un año mantuvieron en cuidado las tradicionales instalaciones. Todo quedó en orden, todo quedó intacto.
El gran horno conserva en suspenso su corazón, dispuesto a reavivarse con la energía humana de sus manipuladores de siempre.
Hubo –y hay– una defensa de la fuente de trabajo. De carne son. Pero hubo algo cualitativamente distinto, algo que hace de esta ocupación que finaliza en un lapso de espera, un testimonio ejemplarizante: el amor al oficio campeó en las 407 jornadas de residencia en la fábrica.
Amor al oficio y confraternidad en éste, que alentará los corazones los noventa días en espera de un posible capital que insufl su parte. La menos necesaria pero imprescindible.
Ejemplo de verdadero profesionalismo operacional y técnico, la gesta de los obreros de Cristalerías se distingue por la alta calidad humana que dignifica a las personas y al gremio. En tiempos deshumanizados, así como sofisticados, con sencillez defendieron lo suyo: una artesanía noble; de añosa nobleza.
Que aunque la paradigmática fábrica no vuelva a funcionar, el viejo horno, caldeado por el recuerdo de sus fogoneros, seguirá fraguando los recursos fraternos de los montevideanos de amorosa memoria.
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