Estos son otros Sánchez
Seguramente si yo le hablo de un tal general Ricardo Sánchez, usted inmediatamente trata de ubicarlo primero en los registros cuarteleros criollos y después en alguno de los de cualquier país de este continente del Río Bravo al sur. Incluso, ese nombre Ricardo Sánchez tiene un no sé qué de general de la revolución mexicana, de aquellos de andar a los tiros con los aviones yanquis, de bautizarse en tequila con Pancho Villa o con Zapata, y podríamos encontrarlo en alguna de las revueltas sandinistas a través de la larga historia de agresiones sufridas por Nicaragua y unas cuantas de las llamadas repúblicas bananeras vecinas.
Es más, ese nombre y ese apellido son tal cual (le juro) como para inspirar un corrido mexicano de aquellos que suelen contar la historia de sus héroes, por machotes, rebeldes y cojonudos. ¿Se da cuenta?
A ver, piense… ¿quién es ese tal general Ricardo Sánchez? Mirándolo bien, podría hasta ser uno de esos personajes maquiavélicos que aparecen en los culebrones televisivos venezolanos como protagonistas de enredadas tramas de engaño, corrupción y amores contrariados.
Como dijo don Atahualpa de Luis Acosta García: «Â¡Lindo nombre pa’un cantor!»… En este caso podríamos decir: «Â¡Lindo nombre pa’ un soldadote bien machote mexicanote!».
En fin, con ese nombre y ese apellido, su destino podría haber sido muy otro, desde cualquier prepotente (o no) generalote, hasta líder revolucionario, pero siempre aquí, en esta parte de América Latina (o Lapobre como la llamaba el inolvidable Peloduro). Sin embargo, el general Ricardo Sánchez del que en estos días hablan todos los diarios y a quien mencionan y muestran todos los canales de televisión del mundo, es nada menos que el jefe de las fuerzas estadounidenses en Irak, es decir, quien tiene a su cargo la mayor responsabilidad de la agresión y los asesinatos de los niños y mujeres destrozados por ataques inauditos, la devastación de un pueblo ya de por sí derrotado y, además, Ricardo Sánchez habla y dice por ejemplo: «Seguiremos persiguiéndolos como hicimos con Saddam Hussein»
El general Ricardo Sánchez seguramente es ciudadano estadounidense. Pero sus padres o sus abuelos deben de haber sido algunos de los cientos de miles de latinoamericanos corridos de sus patrias por el hambre, la miseria y la marginación, y que fueron a parar al por muchos soñado «paraíso del dólar». ¿Se da cuenta, amigazo? No solamente tenemos que sufrir la ausencia de los hijos que hacen las valijas y se nos van. Sino también la triste posibilidad de que dentro de veinte o treinta años, o alguno más, aparezca algún general Martínez, o Pérez, o Rodríguez masacrando a algún pueblo en el mundo en defensa de los intereses del imperio y su apellido (y sus genes) estén directamente relacionados con nosotros. Esta triste realidad es también una de las posibilidades que esta desgraciada diáspora que sufrimos tiene. Por eso, amigazo, o lo hacemos ahora (el año que viene) o los Pérez, los Martínez, los Rodríguez «made in USA» en cualquier momento nos golpean la puerta con la «tarjeta de visita» del Tío Sam. *
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