La marcha del Mercosur
La cumbre del Mercosur que culminó en Montevideo parecería haber tenido un muy fuerte impulso, especialmente con el acuerdo con la Comunidad Andina de Naciones (CAN), creándose un Area de Libre Comercio que, obviamente, amplía de manera importante las posibilidades de intercambio en la zona, lo que se incrementa, además, con la asociación al acuerdo regional de Perú.
Otro hecho importante es la comprensión de los países mayores, Argentina y Brasil, de admitir las asimetrías de los países menores (Paraguay y Uruguay), decisión que conlleva una serie de beneficios que apuntalan el nivel de competitividad, favoreciendo así a las economías más endebles. Se aplicará un arancel mínimo a los bienes de capital que se importen de terceros países (de extrazona). Además, tampoco se aplicarán las «salvaguardias» agrícolas, lo que determinará una salida más ágil de nuestra producción agraria que, como todos sabemos, ha tenido dificultades históricas a nivel de la región.
El tratado de libre comercio que se firmó en el día de ayer comenzaría a regir a partir del 1° de abril del año próximo, y unifica en un acuerdo de tipo aduanero a los países ya integrantes del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), con los que integran el llamado CAN (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), determinando la amplificación del mercado continental a 350 millones de personas en países que producen un billón de dólares al año de bienes y servicios.
En definitiva, se evidencia que el Mercosur sigue gozando de buena salud, mientras que el gobierno uruguayo –a contramano de la historia– sigue planteando críticas e intentando maniobras destinadas a quebrantar al acuerdo continental, en razón de que ese frente multitudinario de alguna manera afecta los planes hegemónicos que EEUU pretende consolidar a través del ALCA.
A ese planteo se sumó el economista Talvi, personaje insólito que desde siempre tiene dos constantes en su prédica: «arrullar» los oídos de algunos empresarios antiestatistas, a quienes les dice lo que ellos «quieren» oír, siempre reflejando el pensamiento de los organismos multinacionales de crédito en torno a los procesos de la privatización de las empresas públicas y de otras líneas económicas (de manual), cuya aplicación ha llevado a la mayor crisis social que se ha producido en el Río de la Plata.
Lo lamentable es que el Presidente de la República, el doctor Jorge Batlle, desde el comienzo de su gestión sigue montado en la misma visión anti-Mercosur que ha llevado a su gobierno al mayor aislamiento de la historia, con reiterados roces con los presidentes de Argentina y Brasil, que no han disimulado su malestar por las posiciones de Uruguay, todas ellas a contrapelo de los intereses de los pueblos de la región.
Es más que significativo que los presidentes de los países limítrofes hayan tenido un gesto favorable a la oposición a Batlle, reuniéndose largamente con el doctor Tabaré Vázquez, sin haber agendado ningún encuentro con nuestro primer mandatario. Es que Batlle no sólo ha multiplicado sus expresiones contrarias al acuerdo regional sino que, de manera insólita, no morigeró posiciones a favor de opciones políticas en esos países, todas ellas perdedoras, que bebieron de las mismas fuentes ideológicas que le han provocado esa incontinencia verbal a Batlle.
Por ello es importante que el Mercosur siga adelante, que los gobiernos hermanos dejen de lado los temas menores y concreten acuerdos para la ampliación del acuerdo regional que será beneficioso para los países fundadores como para los que se están integrando, en una sociedad de naciones que, obviamente, multiplicará su capacidad de negociación a nivel mundial. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad