El recuerdo para tres que se nos fueron

 

Aníbal: mi hermano y compañero

Hoy se cumple un mes del día en que Aníbal se nos fue. Eramos cuatro hermanos, yo era el mayor y él el que me seguía. Pero cuando nuestros padres se divorciaron, por un acuerdo yo quedé con mi padre en el Liceo de Maldonado y mis tres hermanos se vinieron con mi madre a Montevideo. Ahí Aníbal pasó a ser el mayor, y a los diez años tuvo que hacer las colas del kerosene y tantas otras, porque mi madre tenía que trabajar. Eran los años de la guerra de 1942 a 1945 por lo que faltaba cantidad de artículos de primera necesidad y Aníbal tuvo que apechugar a pesar de su corta edad.

En 1952 dejó sus estudios de Agrimensura e ingresó en el Banco de San José y de inmediato comenzó a militar en AEBU, con tal intensidad que cuatro años después, en 1956, a los 24 años, fue nombrado secretario general y estuvo en el cargo hasta 1962. Años después fue presidente de la Comisión de Edificio y logró hacer realidad la hermosa sede de la calle Camacuá, ganadora de un premio americano de Arquitectura. Siempre fue además un militante político desde el nacimiento en 1962 del Frente Izquierda de Liberación y en 1971 del Frente Amplio hasta ahora, incluyendo 14 años de exilio en Argentina. En mayo de 2002 fue electo delegado al Plenario Nacional por la Coordinadora K y en junio de 2003 fue nombrado por las bases para integrar la Mesa Política del FA, pero no pudo tomar posesión porque a principios de julio enfermó y ya no pudo volver a la militancia. Fue una mala jugada del destino.

Yo nunca había visto a una persona en el momento del fallecimiento, y cuando me tocó por primera vez, fue ahora, nada menos que con mi hermano.

A los dos hermanos nos tocó integrar por primera vez un órgano en común, el Grupo de las 18 Coordinadoras de Montevideo del FA, y allí Aníbal me sorprendió por el dinamismo de su actuación, siempre planteando temas y aportando mucho a las deliberaciones. Su ausencia me ha dejado un vacío y una tristeza en el alma que no me será fácil superar.

 

Mi amigo Gonzalo Cibils Márquez

Fuimos amigos desde 1945 en el Grupo B de Preparatorios del IAVA y entramos a la Facultad de Derecho en 1947. En esas aulas de primer año nos encontramos con Jorge y José Luis Batlle, Juan María Bordaberry, Enrique Tarigo, Lalo Paz Aguirre, Ofelia Grezzi, María Angélica Guerra, Pedro Rodríguez Días y tantos otros. En esos años de estudios compartimos con Gonzalo muchos sueños. Unos se cumplieron y otros no.

Después de recibidos en 1955 nos vimos menos, y cuando la dictadura yo tuve que exiliarme en Barcelona y Gonzalo en Argentina, hasta que a mi regreso en 1994 pasamos a vernos cada semana y la amistad se profundizó mucho.

Yo admiré en Gonzalo dos cosas: una, que a pesar de su origen en una familia montevideana tradicional hizo una evolución decidida y valiente hacia la izquierda y otra, su clara inteligencia que se traducía en que era un placer conversar con él porque siempre se aprendía y se disfrutaba de su fino humor. Desde sus relatos de sus tiempos de estudiante sobre las sobremesas de café en la Conaprole de Pocitos con el Calavera Díaz, Carlitos Furtado y otros, hasta sus vivencias del exilio y de su militancia en los comités del FA en los últimos años.

Luego de una corta pero dolorosa enfermedad, falleció en este fatídico mes de noviembre y gracias al aviso de Jaime Boix, un amigo común, pude acompañarlo hasta el Cementerio Central, en el panteón familiar.

 

Miguel Angel Odriozola Odriozola

El 30 de noviembre falleció el Bebe, primo de mi madre, que según él mismo me contara, cuidaba de mí cuando yo tenía unos dos años, en la escuela de Rosario frente a la Plaza principal, donde por entonces vivía el director que era mi padre. Su familia vivía en esa época en Rosario, porque su padre trabajaba en Molinos Bonjour, pero no mucho después se trasladaron a Colonia del Sacramento.

Celia, una hermana de mi abuelo Martín Odriozola, se casó con otro Martín Odriozola, que fue padre del Bebe. En la familia se contaba que estos dos vascos, mi abuelo herrerista y el otro Martín, blanco independiente, cuando el golpe de Estado de Terra, discutieron agriamente y nunca más se volvieron a ver.

Miguel Angel fue un arquitecto muy destacado, alumno de Vilamajó, con el cual trabajó y continuó su obra en Villa Serrana en Minas, pero donde alcanzó su mayor éxito fue en el rescate de la ciudad histórica de Colonia, que en un tiempo se quiso demoler, y gracias a Miguel Angel no sólo se salvó, sino que se restauró de tal modo que Colonia mereció ser considerada Patrimonio Histórico de la Humanidad por las Naciones Unidas.

Cuando yo regresé del exilio, fui con mi familia a Colonia y ahí Miguel Angel nos llevó a visitar la ciudad histórica, que era su obra. De más está decir que fue un regalo de los dioses poder recorrerla en su compañía y mi familia todavía lo recuerda. No en vano Colonia le rindió un gran homenaje. *

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