Violencia y corrupción en Irak

La ocupación de los Estados Unidos y sus aliados en Irak no deja de suscitar protestas, desavenencias diplomáticas, denuncias y hasta la difusión de noticias que empañan «el buen nombre» de algunos de los más conocidos colaboradores del presidente Bush.

La forma cómo los medios de comunicación vienen informando acerca de la evolución del conflicto ha generado una profunda desconfianza en una parte de la población, la mejor informada, o la de aquellos que tienen a sus hijos incorporados a las fuerzas de ocupación.

Justamente, en ese sentido, en estos días se han publicado las observaciones realizadas por un comerciante de Arizona, Michael Lopercio, de 51 años, que viajó a Irak junto con otros familiares de soldados formando parte de un traslado organizado por una organización de derechos humanos, «Global Exchange».

Los comentarios de estos ciudadanos estadounidenses resultan sumamente ilustrativos del caos y la violencia que las tropas invasoras han instaurado en Irak: «Para Lopercio todo ha sido increíble. Increíble que, ocho meses después del comienzo de la invasión, aún fallezcan niños en los hospitales iraquíes por falta de antibióticos. Increíble que las escuelas carezcan de corriente eléctrica, de calefacción, de libros. E increíble que, durante la semana que ha pasado en Irak, las autoridades han montado una costosa campaña de relaciones públicas al quitar los bustos monolíticos de Saddam Hussein de la parte superior del palacio en el que Paul Bremer, el administrador estadounidense, tiene su centro de operaciones.

‘¿Para qué diablos desperdician dinero en derribar esas cabezas de Saddam del palacio de la autoridad de coalición, cuando podrían gastarlo en algo más significativo, como llevar electricidad, calefacción y medicinas a los hospitales iraquíes?’, pregunta Lopercio».

Otra denuncia que ha impactado en los Estados Unidos es la de la organización humanitaria «Human Right Watch» que en un informe de 147 páginas ha denunciado la muerte de más de 1.000 civiles iraquíes en los bombardeos realizados durante la primera fase de la ofensiva angloamericana.

Simultáneamente los países de la Unión Europea han dado señales de su malestar a partir del trascendido de un boletín del Pentágono donde se afirma que las empresas de los países que no participaron en la guerra están excluidos de participar en los contratos para las obras de reconstrucción.

Se trata de 26 contratos que por el momento totalizan unos 18 mil 600 millones de dólares y abarcan desde la provisión de armamento para el nuevo ejército de Irak, la reconstrucción de puentes y carreteras, hasta la recomposición de los servicios de saneamiento y la reinstalación de la red eléctrica.

Al procedimiento y su tosca tramitación en el plano internacional (a través del Pentágono) se agregan las impactantes denuncias que salpican a uno de los principales colaboradores de Bush: el Ministerio de Defensa acaba de publicar una investigación acerca de los negocios de la empresa Halliburton, a través de su filial KBR. De la investigación surge que esta firma vende los combustibles a las tropas en Irak a un precio muy superior al que venden las empresas iraquíes que también lo obtienen de Kuwait.

Los cuantiosos beneficios embolsados por la Halliburton alcanzan directamente a su ex presidente, el actual vicepresidente de la República, Richard Cheney.

Finalmente, si algo le faltara a la empresa desplegada por el presidente Bush, habría que agregar la constancia y la permanencia de las acciones de resistencia llevadas adelante por las fuerzas patrióticas y nacionalistas iraquíes. Pese a la enorme superioridad militar, las acciones contra las tropas se reiteran, dan muestras de una mayor capacidad de planificación y hacen uso de armamentos más sofisticados. Un cuadro, como se ve, bastante completo de una guerra ilegal, ilegítima, predatoria y humanitariamente brutal e impresentable. *

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