La ley, el derecho y los blancos
Muchos se estarán preguntando si la Ley de Caducidad efectivamente sirvió para los que con las mejores intenciones, como Wilson seguramente, la impulsaron. Han pasado muchos años y aquí se sigue hablando de desaparecidos, del cadáver de Elena Quinteros secuestrada de la Embajada de Venezuela, de problemas con países vecinos, de un inminente conflicto de poderes. No respetaron ni el dolor, ni los muertos, ni el memorial que es lo mínimo que podían reconocer a los seres queridos, el derecho a saber dónde reposan. ¿Adónde vamos ahora? En pocos días se sabrá; acaso resuenen de nuevo los discursos, las amenazas, los agravios y todos volveremos a preguntarnos: ¿hasta cuándo?
Sería hermoso que pudiéramos estar orgullosos de lo que votamos. No tenemos elementos de juicio, apenas el nombre de un juez, doctor Recarey, para expresarle públicamente consideración y respeto porque para responder a los dictados de su conciencia puso sobre la mesa una materia escasa, cuando tantos arrugan o callan y comprometen el prestigio de las instituciones.
Nosotros no votamos la caducidad, como integrantes del Movimiento de Rocha, y eso nos marcó a fuego; no nos quedó otra que acatar, sin abdicar de lo que pensábamos y creemos que los hechos nos han dado la razón.
El reencuentro que anhelábamos sigue siendo un sueño. Fue un golpe muy fuerte. La publicidad que afrontamos fue terrible. Como hay gente con mala memoria, tal vez muchos no recuerden que Carlos Julio encabezó aquella columna. En el Interior muchas radios repetían «Votan amarillo los colorados y blancos demócratas» «Votan verde el Movimiento de Rocha y los tupamaros». Cuando eso quería decir mucho, el MLN no se había insertado en la vida política. Quienes digitaban esta bajeza, seguramente no tienen vergüenza para hacer gárgaras hablando de «unidad» con semejante ejemplo de cretinismo. No me siento con derecho para involucrar a otros con mis dichos. Lamentablemente hace tiempo que no converso con Carlos Julio; no tengo autoridad para preguntarle cómo viene la mano, pero lo conozco bastante para suponer lo que piensa.
Por supuesto, el presidente del Directorio ya adelantó su apoyo al gobierno, como lo hizo con esta «coalición» de la que tan amargo recuerdo tendrá este pueblo. Pero él no aprende, siempre piensa que lo que él llama «los blancos» están ahí, en los sillones, esperando órdenes, y se olvida de los blancos del silencio, de los que van de alpargatas, de los que en la urna meten hasta el corazón, y a tres días del referéndum se mandó un acto, cuando los dados estaban echados, pero sin perder la arrogancia. O cuando se mandó el verticalazo para que esos blancos, que no conoce, posibilitaran el remate de Antel, y otra vez, al tobogán. Hace tanto del 92 que ni recuerdo si hubo que pagar algún costo por no bajar la cabeza, pero ¡vaya si valió la pena que esos blancos hayan sumado en el histórico 72 por ciento. ¿Te acordás? Por eso, este domingo me acosté tranquilo. Y confiado, porque el asunto era distinto. Pero la verdad, sin disimular un dejo de emoción pensando en algún paisano tirado en la cama con la vieja Spica en la oreja, o en algún alambrador, que la colgó del pique.
Creo que todo esto tan importante como lo que se viene con el derecho y la justicia, empezará a cambiar y marcará un gran viraje en la conducción del partido que podrá sobrevenir en las internas. Tengo el palpite de que sea con el sanducero Larrañaga para que el nacionalismo vuelva a ser digno, limpio. Solidario y heroico, y que los «otros» sigan buscando un nuevo rumbo. *
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