Por Uruguay y por Ancap
Sería muy fácil para quienes apoyamos la ley que permitía la asociación de Ancap decir «el pueblo decidió» y dedicarnos a otra cosa. Pero la vida política de quienes participamos de una concepción de sociedad como colectivo, nos impulsa mucho más allá de lo «políticamente conveniente» u oportuno.
Hay quienes consideran las decisiones del pueblo como sagradas e inamovibles, sólo cuando coinciden con su pensamiento. Hay quienes pensamos que las decisiones del pueblo son sagradas, únicamente en el sentido que sólo ese mismo pueblo puede modificarlas. Y que cuando creemos que el pueblo se equivocó, nos ponemos a trabajar para que ese mismo pueblo corrija sus decisiones. Es así que, respetando la decisión que creímos y creemos equivocada del pueblo en 1999 al elegir a Batlle como Presidente, además de criticar actuaciones y proponer soluciones, trabajamos para que en 2004 ese mismo pueblo elija a un frenteamplista comprometido con el Programa –que acordaremos en nuestro próximo Congreso–, para que asuma ese cargo en 2005. Porque los pueblos también se equivocan, y aprenden de sus errores. Y este pueblo uruguayo, que acaba de tomar una decisión embroncado con un pésimo gobierno, sigue enfrentado al problema de tener al mismo gobierno por un año y pico más, y a la necesidad de que el país encuentre una solución al tema Ancap.
Y nuestro Frente Amplio, la fuerza política que seguramente asuma el próximo gobierno, debe plantearse –además de ganar las elecciones– cómo transitar en este largo año que queda, tratando de que el país, su gente, sufra lo menos posible en la transición, y que el aparato productivo y financiero llegue lo más entero posible al nuevo gobierno, porque en ello le va la vida al Uruguay. Porque un gobierno como el actual, sabedor de su futura derrota, es un gobierno desmotivado para actuar en soluciones de largo plazo, es un gobierno tentado a actuar en lo inmediato, tentado a actuar en función de intereses electorales –de partido o de personas– en el corto plazo.
Por eso, la propuesta de Tabaré de crear una Comisión Interpartidaria de legisladores para avanzar en el diseño de un proyecto de política energética –en cuyo marco deberá inscribirse el redimensionamiento de Ancap– es un buen aporte, aunque sea de difícil implementación por la poca motivación que puedan tener las demás partes. Planteada sin contenidos específicos, corre el peligro de quedar en una exposición de intenciones, en una propuesta a meterse nuevamente en discusiones complejas sin perspectivas concretas, en un insumo de campaña electoral. Para evitar esto, conscientes de la importancia para Uruguay de encontrar soluciones al tema, y del acuerdo expresado por todos en la necesidad de buscar una solución conveniente para Ancap, en el Frente Amplio deberíamos hacer un esfuerzo para elaborar una propuesta concreta, con amplias garantías, sobre la cual centrar la discusión (tenemos mucho camino avanzado con la resolución del 3 de diciembre de 2001). Deberíamos, en acuerdo con todos los sectores involucrados, demostrar nuestra capacidad de iniciativa y de propuesta. Considerando lo que reafirmó Tabaré el martes 10 de diciembre a la BBC «creemos que Ancap debía asociarse con una empresa petrolera que pudiera aportarle el crudo, que constituye casi 40% del costo de nuestra gasolina. Una asociación estratégica, con una empresa que aportara crudo y bajando los impuestos que el gobierno impone, significaría que el precio de la gasolina en Uruguay seguramente bajaría.» Probablemente los que no quieren que cambie nada, los campeones del conservadurismo, serán los principales adversarios de una propuesta de esta naturaleza; pero quienes creemos en la renovación, en el cambio necesario y posible, deberíamos hacer el máximo de los esfuerzos para lograr los «grandes acuerdos nacionales» que propone Tabaré, que permitan esos cambios tan necesarios ahora (durante la transición), y también después (durante el gobierno). Por esa misma razón, humildemente, ofrecemos nuestra mano, nuestro corazón, nuestras cabezas, para transitar por estos caminos que propone Tabaré, que coinciden con los que siempre hemos propuesto, con los que nos llevaron a apoyar el proyecto recientemente rechazado, y con lo que resolvió el FA en 2001 (en su Congreso y en la Mesa Política). Demostrando capacidad de gobierno desde la oposición, pondríamos a prueba la voluntad política de los demás partidos de intentar sinceramente construir un consenso. Eso sí, respetando la decisión popular, lo que «significa también intentar encontrar soluciones diferentes a aquellas que fueron rechazadas por la ciudadanía» como dijo Danilo el lunes 9.
Tal vez –para desventura del país– esos necesarios acuerdos no puedan fructificar en tiempos inmediatos, riesgo que por cierto no podemos obviar en esta reflexión. Pero aun con ese riesgo debemos intentarlo; la situación de nuestro pueblo así nos lo exige. Como también expresó Tabaré en la misma entrevista: «la problemática social y laboral que tienen los uruguayos, no puede esperar a dentro de un año que haya elecciones para que llegue un nuevo gobierno. Es por eso que nuestra fuerza política le está proponiendo al gobierno uruguayo que trabajemos en conjunto, en un modelo alternativo de reactivación productiva para generar puestos de trabajo y tratar de mejorar ya –ahora– la situación», reiterando la línea aprobada como estrategia en el Plenario Nacional del 9 de noviembre de 2002. *
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