Salarios amparados por la Ley de Caducidad

El gobierno divulga diariamente y se podría decir que en forma desesperada, datos que apuntan a una mejora de la situación económica del país. Por ejemplo, habla sobre el incremento de las exportaciones, que según versiones, hasta setiembre y sólo con Argentina, reportaron más de 109 millones de dólares en tanto que a Brasil le vendimos hasta ese mes casi 326 millones de dólares. Los pedidos para exportar, en los primeros once meses del año, sumaron U$S 2.044:860.000, un 12,6 % por encima del año anterior. Las ventas de carne se incrementaron un 93 % en noviembre también con respecto a igual mes del año anterior. Dice el gobierno que la actividad manufacturera creció un 15,2 % en el tercer trimestre del año y Alfie dice que se crearon 51.000 puestos de trabajo, sin decir los que se perdieron. Zaidensztat dice que en noviembre, la recaudación impositiva aumentó 15,6 % y que entraron en las arcas unos 150 millones de dólares. Atribuye la mejora al aumento de la producción y a los controles de la DGI.

Ahora bien. No tenemos por qué poner en tela de juicio la veracidad de los números que los diversos organismos del Estado divulgan diariamente, pero esto también nos dice que, paradójica, repetida y consecuentemente, las riquezas que el país genera siguen yendo a parar a los bolsillos o las cuentas bancarias del mismo grupúsculo de siempre. Es indiscutible que esa riqueza, aunque no sea de volumen extraordinario, no tiene ningún punto de contacto con la dinámica de la vida de miles de trabajadores, sino solamente con sus cámaras patronales y exportadoras.

Aquí los únicos felices por los resultados son los Balestra, los Castells o los Soloducho. El ministro Alfie está contento y afirma que el país, «está creciendo a un ritmo muy bueno». Lo malo es que siempre crece para un solo lado. Y aquí también se divulga un proceso de deterioro del salario que no es real, porque en la difusión de que el quintil más pobre recibe en Montevideo $ 5.800 y en el interior $ 4.250 no se ajusta a la verdadera situación de pobreza extrema en que viven miles de uruguayos que prácticamente no tienen ingresos y pasan hambre.

Se dice por parte del Instituto Nacional de Estadística que en el trimestre agosto/octubre el ingreso de los hogares uruguayos cayó 7,15. ¿No les da vergüenza decir que un país en crecimiento, según ellos, y que necesita una canasta familiar de $ 24.000 mensuales tiene un quintil más pobre de entre $ 4.250 y $ 5.800?

¿Por qué el director de la DGI o el ministro de Economía no explican las causas del deterioro salarial cuando el país crece? Porque ésta y no otra es la causa del real empobrecimiento de un país. Vamos a decir que el crecimiento de una economía no puede medirse solamente por el enriquecimiento de un grupo y el constante empobrecimiento de una mayoría. Esto es lo que sigue sucediendo hoy y aquí. Mientras el índice inflacionario trepa a casi el 10 % en 10 meses, en ese mismo período de tiempo los salarios están casi congelados.

A octubre el índice Medio Salarial está ubicado en 6,09 %. Es decir, la inflación le come al trabajador mucho más de lo que recibe de aumento. Pero lo que no dicen los gobernantes es cuánto gana un trabajador en un frigorífico, un trabajador cerealero, un curtidor, un textil, por citar a los rubros de exportación que más dinero producen.

Con respecto a los salarios hay una política de silencio, de complicidad y de misterio. Hay detrás de ellos una política esclavizante y como muestra, el gobierno sólo actúa cuando se produce una crisis puntual, crisis que son detonadas por algunos sindicatos que aún mantienen la fuerza necesaria para hacer respetar sus derechos. Es que en muchos sentidos este gobierno, que ha dedicado sus mejores esfuerzos a vender lo que pueda del patrimonio nacional, aunque en varios casos no ha podido, no tiene una política definida en cuanto a la producción, al trabajo y al salario. Su política es «dejar hacer» y subsistir. Por ello es que su prédica apunta a favorecer a quienes siguen apostando al poder del dinero y no al poder del trabajo.

¿El ministro de Trabajo y Seguridad Social sabrá que el gobierno uruguayo tiene convenios suscritos con la OIT que pueden preservar a los trabajadores del hambre y de la explotación, aplicando mecanismos legales de intervención tripartita? ¿Habrá hablado de ello alguna vez en su cátedra? No hay que perder de vista que las jubilaciones y las pensiones, están atadas a los aumentos del Indice Medio Salarial y que ello forma parte también de la intención de rebajar en forma permanente las pasividades. Lo más creíble sería pensar hoy que este gobierno ha incluido a los salarios, como a muchas otras cosas que no tienen nada que ver, en la Ley de Caducidad: no se pueden tocar. *

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