Histórica jornada

La ciudadanía dio un espaldarazo al país. Ese 62,21 por ciento de uruguayos que sufragaron para anular la llamada Ley de Ancap –que no era otra cosa que la explicitación de un nefasto acuerdo con el Banco Mundial– estuvo consciente de una serie de elementos que están en la base del deterioro uruguayo.

Deterioro que se expresó en una crisis que ha postrado a más de un millón de personas en la marginación; cifra abrumadora: nada menos que una tercera parte de la población. Seis de cada diez niños de cero a cinco años nacen en la marginalidad, por ello el pronunciamiento es mucho más profundo y el resultado del domingo evidencia un contenido político que nadie puede soslayar y que muestra una importante declinación de los partidos históricos.

Ello presagia, obviamente, que el dramático cambio de la dirigencia política es un elemento cierto, una posibilidad real que tendría como jalón fundamental la elección de octubre de 2004. La potente expresión opositora del voto por el «SI»del pasado domingo, así lo indica. Analistas y politólogos sostienen que jugó un papel fundamental el llamado «voto castigo» al gobierno de Jorge Batlle, lo que más allá de cualquier especulación, es una puntualización cierta.

Aquí, independientemente de las diferencias que expresó la población con los planes del Banco Mundial, aplicados sin anestesia por el gobierno de Jorge Batlle, efectivamente lo que ocurrió fue un deterioro más que manifiesto de blancos y colorados, fenómeno que no es ninguna sorpresa. Así lo estaban manejando las mediciones de opinión pública que desde hace varios meses vienen indicando ese decaimiento. Entonces, ¿por qué esas tensiones de las últimas horas? Las encuestas –sin con esto decir que lo expresado en las mismas sea «palabra sagrada»– lo venían indicando desde hace mucho tiempo.

Esas mediciones hicieron que los partidarios del «NO» jugaran sus cartas más fuertes: los ex presidentes Luis Alberto Lacalle y Julio María Sanguinetti, en distinto grado, encabezaron la campaña advirtiendo día a día que sus esfuerzos no prosperaban pese a haber utilizado en su favor los dineros de la propia Ancap, que gastó cientos de miles de dólares en propaganda electoral, acción delictiva perdonada –en virtud del juego de las mayorías políticas– por la propia Corte Electoral ante la cual legisladores de la coalición de izquierda presentaron una denuncia por «delito electoral». Propaganda a favor de la ley que actuó en contra de la acción que intentaba favorecer, a lo que se sumaron otros errores de la mayoría de la Corte Electoral, otorgándole la opción del «SI» a quienes se oponían a la ley, determinando además que la opción por el «NO», favorable a la ley, se expresara a través de una papeleta color celeste, vinculado obviamente a elementos tradicionales de nuestra nacionalidad.

Pequeñeces de tal mediocridad que invalidan definitivamente a sus autores, algunos ministros de la todavía desintegrada Corte Electoral, que demostraron ser partícipes de un juego menor, lamentable, de maniobra política que constituye otro jalón más del deterioro de la imparcialidad que debiera expresar ese organismo.

Sin duda, existe un antes y un después de este referéndum que expresa un estado de opinión vinculado a la visualización de concretar rápidamente un recambio a cortísimo plazo del elenco gobernante que determinará un dramático vuelco en el poder. Es que el desgaste de los gobiernos colorados y blancos es de tal magnitud que deberán enfrentar a una opinión pública que le otorgó el 62,21 por ciento a los sectores populares y tan solo el 31,42 por ciento a la opción apoyada por el gobierno y las estructuras directrices de los partidos históricos que actuaron coaligados con el gobierno durante una de las etapas más dañinas para el país. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje