La costumbre del acomodo
Orientados por dos colectividades políticas que se vanaglorian de sus gestiones, resaltando siempre las virtudes de sus históricos líderes y que el mérito de su permanencia ha sido el inescrupuloso intercambio del lugar de trabajo por la obediencia del voto, los uruguayos se han acostumbrado a vivir del Estado, de cualquier manera.
Parece inconcebible pero cierto, y cada día que pasa, no salimos de un nuevo asombro. Han sido tantos los capítulos, que esta novela es interminable y lo peor es que la población desconoce las maniobras utilizadas y muchas veces se convence con los mentirosos argumentos que justifican hechos como la ausencia de infinidad de personas que utilizan pases en comisión ignorando la verdadera actividad que cumplen dichos beneficiarios, o la terrible cantidad de contratos de obras y de servicios a familiares, amigos y correligionarios, que siempre sobrepasan honorarios superiores a los miles de dólares, o el simple hecho de ejercer la secretaría privada de los representantes políticos, tanto del Partido Colorado como del Partido Nacional, que luego pasan al presupuesto formal, ingresando así a la efectividad pública, sin ningún tipo de exigencia de suficiencia laboral.
Esta costumbre la vivimos personalmente, cuando desde nuestra actividad departamental conocimos los pedidos de cuotificación que se nos reclamaba.
En Montevideo esa equivocada actitud política se modificó desde el primer gobierno progresista que cambió los condicionamientos para el ingreso funcionarial, al exigir los concursos por conocimiento y mérito en la mayoría de las categorías y en las restantes mediante el sorteo público e imparcial, que permitió ingresar al que tuviera mejores condiciones sin importar su insignia política.
Las 18 Intendencias del Interior acostumbran cambiar a su personal según el color que haya ganado, y así vemos cómo el nuevo titular coloca a sus amistades y saca a los eventuales que no lo apoyan.
Hace un tiempo, la Intendencia de Montevideo ayudó a mucha gente del departamento, al realizar distintos convenios con organizaciones no gubernamentales y darle tareas provisorias a cientos de personas con características necesarias como la jefatura de hogar a mujeres y hombres carentes de actividad, y luego surge el reclamo de efectivizar a dicha gente, incluyéndolas en el presupuesto municipal.
Allí comprobamos un hecho que se toma como natural, «cumplí la función que luego te meten adentro». Ya es algo natural para muchos compatriotas, que hasta se ofenden cuando se explica que las cosas no son así y que hay una manera diferente de gobernar: los tres gobiernos progresistas de Montevideo lo han aplicado.
Todos los montevideanos debemos reconocerlo y agradecerlo, ya que los gobernantes están demostrando el cumplimiento de ejercer las funciones con los mejores representantes en cada cargo.
En estos años transcurridos, ya he vivido varias veces el comentario de funcionarios que han ingresado, reconociendo no pertenecer al partido de gobierno. Todo el país lo tiene que saber. Debemos terminar con la «costumbre del acomodo». Que se ingrese por mérito y no por favores.
Que se terminen los nombramientos que hacen los circunstanciales jerarcas de sus amistades y que se conozcan todos estos personajes que sólo van a cobrar y logremos cortar con una tendencia corruptora manejada por muchas equivocadas figuras políticas. Porque hay que analizar muy bien, que este ñoqui colorado de 76 años fue evidentemente autorizado por unos cuantos políticos pertenecientes a su color partidario.
Difundir estas maniobras resulta inevitable para que los compatriotas entiendan que no podemos seguir manteniendo un sistema que está viviendo a costa de la mayoría de la gente. Se tiene que venir el cambio y está en manos de la gente en la próxima elección nacional. *
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