Un presidente en el centro del circo

¿Cómo se salvaguarda la investidura presidencial cuando el titular se esmera con tanto empeño en destrozarla? Fue la preocupación manifiesta en el último encuentro de Sanguinetti y Lacalle. Porque cada vez que abre su boca se desacredita y pone en riesgo a toda la coalición. Pero no hay caso, sale al exterior y se le desata esa feroz compulsión a ubicarse en el centro del circo, a hacer y decir pavadas.

No corresponde a su investidura detenerse en un suelto de prensa y convertirlo en un escandalete que nos expone con un gobierno hermano. O es bobo o se pasa de listo. Pobre Opertti. Salir a repetir (¿cuántas veces lo dijo?) «que era un embuste», eludir a un hábil cronista que le señaló precisamente que fue Batlle el que generó la noticia… Tengo una hipótesis: Kirchner, indignado, dijo efectivamente lo que dijo, en forma extraprotocolar, obvio. El razonamiento de Batlle (que se cree un rana y quedó calentito) fue: ‘Lo denuncio en conferencia de prensa y el porteño no puede salir a ratificar so pena de convertirlo en un problema diplomático’ ¡Qué vivo! ¿no? Una pirueta. Grandilocuente y pueril. A la manera de un clown. Que como ya sabemos ríe y después llora e invoca a la pobre doña Matilde. Un majadero que no tiene en cuenta la delicadeza del tema de fondo: el destino de María Claudia

Cuando sale de viaje le da por prometer cadenas de carnicerías, de criticar al gobierno de Brasil para convertirse en el buen discípulo del ALCA, la cuña en el Mercosur ¡qué triste! Toma champaña en Milán con el señor Eurlekian (ganador de la timba del aeropuerto Carrasco) buscado por la Justicia argentina. Le auguró el triunfo a Menem cuando precisamente se enfrentó con el actual presidente Kirchner.

No puede pretender que le tengan estima en la vecina orilla.

Hay más.

El Presidente de la Argentina en visita oficial manifiesta que la restitución de los restos de María Claudia Irureta Goyena de Gelman es un problema de Estado. Envía luego una delegación de primer nivel. Nuestro Presidente no sólo no le da un tratamiento especial sino que lo comprende en la Ley de Caducidad sin estudiar el tema. Le puso el sello y chau. Siquiera una explicación atenuante del exabrupto político, jurídico y humanitario. Este Presidente que supo volcar lágrimas de cocodrilo cuando engañó a toda la población sobre la sensibilidad en estos temas, dio a conocer su decisión en una fugaz declaración corriendo al aeropuerto. Hizo tiempo en cambio para insultar gratuitamente al poeta Juan Gelman. En realidad le dijo poco el presidente Kirchner.

Hay que preguntarse cuál es la aberración que no le permite en este caso tener un acto de grandeza. Incluso –digo– desde la lógica de la impunidad realizar por vía de la excepción, un acto de justicia. Porque, entiéndase bien, esto no tiene absolutamente nada que ver con la Ley de Caducidad. ¿Cuál es el motivo de esto tan monstruoso e impresentable? ¿Proteger al capitán Ricardo «Conejo» Medina? ¿Salvaguardar la paz? ¿No alborotar el avispero? ¿Qué avispero? Hoy no hay ningún tipo de peligro institucional. Parecería que con esto también se medra. Porque desde estos actos tambien se construye poder. Como lo hizo Sanguinetti. La impunidad da beneficios para ambos gestores: si yo te perdono, tú sos prisionero y servidor de mi política. Y exhibo este vasallaje para demostrar que «puedo», que tengo las riendas de los criminales y que me responderán a mí. Es la llave de la paz. Es una perversión, pero tiene su lógica. Correr el velo de la caducidad en este caso nos lleva a las complicidades civiles de estirpe colorada: el «Conejo» Medina secretario de Pablo Millor y el comisario inspector que retuvo a la hija de María Claudia, un allegado de Sanguinetti.

En todo esto hay una nueva agresión a quien ya es una víctima. Sin nombre y sin cara. La hija de María Claudia y de Marcelo. No podemos mencionar su nombre porque un discutible (respetable) criterio de lo público y lo privado la ha privado nuevamente de su identidad (¿qué otra cosa es la identidad sino la posibilidad precisamente de nombrarla incluida su peculiar historia personal?).

Humildemente la convoco a que haga pública su bronca y sus deseos. No es sano mantener el anonimato. Sé perfectamente lo que significa exponerse, pero mucho más doloroso y dañino es mantenerse oculta ante este atropello.

Por otra parte no es un drama sólo de ella. Es mío también. De muchos otros que no han sido reparados en su dignidad. Y de tantos heridos con este acto público aberrante.

Esa niña, que hoy es mujer, recibe ahora un nuevo golpe. Lejos de reparar el daño, el Estado uruguayo en la persona del primer magistrado, realiza administrativamente un acto por el cual se le niega justicia. Un acto frívolo, repugnante, que es una nueva agresión porque la priva de un derecho inalienable, de su historia y de su dignidad.

¿En nombre de qué? Basta por favor. Siento vergüenza ajena y aborrezco públicamente, por este exabrupto, al Presidente Jorge Batlle, por todo esto que nos llena de oprobio.

Las actitudes del Presidente de la República nos exponen al ridículo internacional cuando no a peligros de represalias que, dicho sea de paso, es una figura contemplada en el Código Penal. Por otra parte hay que recordar nuevamente que sigue vigente la Ley 16.724 que ratificó la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada que en su artículo II dice:

(…) se considera desaparición forzada la privación de la libertad, cualquiera sea su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado (atiéndase bien) seguido de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes.» *

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