Se vino la veda

Cuando Don Atahualpa escribió aquello de «las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas» allá en su Argentina querida, no imaginó siquiera que iba a llegar un día de este otro lado del río ancho como mar, en que a los famélicos charrúas les iba a ser mucho más fácil importar desde allá las penas que las vaquitas. ¿Me capta? Porque quilombo que se arma de aquel lado, rebota aquí y nos lo tenemos que comer aunque sea de prepo y nos haga temblar, y ahora que queremos traer unos pocos churrascos pampeanos, unas tiritas de asado martinfierranas, unas pulpas o costillas de los pagos de Santos Vega y del diablo que le ganó el contrapunto, ahora digo que lo único que queremos es masticar algo rojo que no sea remolacha para las fiestas, nos arruinan las ídem con la prohibición. Y lo más triste es porque los yanquis dijeron que no, mientras nos tiran con toda la chatarra encima para pudrirnos desde el gusto hasta la úlcera.

Y cuando uno ya le estaba tomando cariño a la carne picada, cuando, yo qué sé, había una especie de escarceo amoroso entre nosotros, salta esto de que más que carne es grasa lo que nos venden, por lo que en vez de comer albóndigas quiere decir que estábamos comiendo chicharrones con arroz. ¿Se da cuenta? Si usted pagaba 45 pesos el kilo de picada, pero solamente había medio kilo porque el resto era grasa, quiere decir que estaba pagando 90 pesitos el kilo, más caro que la paleta o la aguja o el cuadril. No hay derecho, porque ahora resulta que los yanquis no nos dejan comer churrascos ni asados argentinos y algunos carniceros nos trampean la picada que era nuestro último refugio carnívoro. Dicho sea de paso, la televisión uruguaya en estos días no tendría que dar noticias como la de ese inglés que se comió a un tipo que le pidió que lo hiciera, y agregar que hay una infinidad de locos que se ofrecen por Internet para ser devorados por alguien. Puede ser motivo de algunas ideas extrañas.

Y ya que estamos en este asunto, ¿vio que estamos en veda electoral? ¡Por favor… a nosotros! ¡Qué nos van a hablar de veda! Si venimos vedados desde hace no sé cuánto. Y ya que estamos: sírvame una grapita de esas bien uruguayas, no me gusta la grapa extranjera, ni la caña, ¿sabe? Tienen como un tufito a cosa extranjera que me patea el hígado. ¡Salud! *

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