Intervención argentina
Es brutal. Al diario caganchero y sus seudointelectuales periodistas, les entró un sarpullido patriótico en defensa y respaldo, ¡cuando no!, del Presidente muy colorado don Jorge Batlle.
Según parece, la sacrosanta indignación es porque el presidente argentino Kirchner «incursionó» sobre el tema de la nuera de Gelman –de nacionalidad argentina– y habría previsto futuras resoluciones uruguayas en función de resultados electorales que parece apoyar.
O sea, para ellos (y técnicamente se puede admitir, si no se sufre de aguda amnesia), que pueden tener razón. Digo esto pues, antes de abrir la boca, hay que conocer o refrescar antecedentes e historias viejas y recientes para no volver a «meter la pata». En efecto, me animo a afirmar que antes que ellos, nosotros nos hemos «aburrido» de intervenir e incursionar en temas argentinos. Y no soy menos uruguayo que nadie al reconocerlo.
Hagamos un poco de historia. La familia Batlle se caracterizó por meterse en temas porteños desde hace años. ¿Recuerdan el año 55 cuando la Fuerza Aérea argentina ametralló en Plaza de Mayo a la multitud de obreros y pueblo humilde, que volcado en las calles defendía el gobierno legítimamente electo de Perón?
Miles de muertos regados por la plaza y calles circundantes. Como el levantamiento fracasó en esa oportunidad, los aviones con sus asesinos se «rajaron» al Uruguay bajo la protección y asilo del gobierno del papá, don Luis Batlle Berres.
Al poco tiempo sobrevino la mal llamada «revolución libertadora» de aquellos siniestros personajes «democráticos», general Aramburu y Almirante Rojas. ¡Hagan memoria!
Desde la principal emisora uruguaya y con apoyo evidente de nuestro gobierno muy batllista, se retransmitía a la Armada argentina que bombardeaba Buenos Aires, masacrando a su pueblo inerme, por órdenes del «carnicero» Rojas a los movimientos militares y órdenes del Ejército «levantado» ilegítimamente.
Sin perjuicio de las posteriores criminales ejecuciones del general Valle y militares nacionalistas y legalistas de Perón. Claras y groseras intervenciones sin discusión. Aramburu terminó sus días en un bidón de 200 litros con cal ejecutado por los Montoneros. Fin lamentable y reprobable, pero acorde con los crímenes cometidos. El carnicero Rojas vivió recluido con protección militar permanente y murió en el más repugnante olvido.
En cambio Perón volvió, aunque viejo, a ejercer su tercera presidencia bajo palio y veneración de su pueblo humilde que lo recibió y honró bajo el grito de: ¡¡Perón, Perón!! ¡¡Qué grande sos!! ¡¡Mi general, cuánto vales!! Mientras la oligarquía porteña de Palermo y barrio Norte con la adhesión de los cipayos cagancheros y batllistas de acá, se atrincheraba en sus mansiones escandalizada de ver entrar de nuevo a la Casa Rosada a los «descamisados» y «cabecitas negras», o sea al pueblo argentino.
Buena cosa es recordar un hecho anterior.
Cuando falleció la venerada, hasta hoy, Evita, el único jefe político uruguayo que concurrió, sombrero en mano en torno a su féretro, en respetuoso y rendido homenaje a ese símbolo de nacionalismo antiimperialista americano y defensora de los más necesitados, fue el doctor Luis Alberto de Herrera. ¡Qué diferencia con ahora!
Por estos pagos, en cambio, se denostaban sus imágenes permanentemente, en claras intervenciones en asuntos argentinos. Pero todo es historia del papá de nuestro Presidente y su batllismo.
Cuarenta años después vino el hijo. Con Jorge, ¡los argentinos son ladrones! ¡Todos! No se salvó ni el portero! ¿Se acuerdan? ¡En las próximas elecciones gana Menem! ¿Se acuerdan? ¿Son o no intervenciones? Y esto es reciente.
En aquellos tiempos, la intervención contra Perón tenía el respaldo y aval de los yankis y la influencia genuflexa por cierto que no poca, del nuestro que sirvió hasta de base logística de los subversivos imperiales. Hoy, es evidente que Kirchner, peronista al fin, carece del apoyo de EEUU.
Se suma a los nacionalismos americanos incipientes libertarios. Chávez, Lula, Gutiérrez, Ivo Morales, Marcos y sus zapatistas, a su manera el chileno Lagos, etc.
Mientras nosotros con don Jorge, el colombiano Uribe (¡lindo personaje!) admiradores de Bush, Blair y Aznar, quedamos aislados. Por ahora. En definitiva, hay que tener autoridad y antecedentes políticos coherentes para opinar.
No se puede ir del brazo de los imperios, apoyando intervenciones en Irak, Palestina, Kosovo, etc. y después de sucesivos «enchastres» del Presidente propio, escandalizarse por un comentario comparablemente menor del vecino.
¡Muchachada caganchera, vamos a callarnos la boca y no pecar de ridículos! *
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