Algunas preguntas sobre la Ley de Ancap

Los últimos sondeos de opinión, además de coincidir en que el próximo domingo se producirá un claro triunfo del SI a la derogación de la ley que habilita al Poder Ejecutivo y al Directorio de Ancap a negociar una asociación con una empresa extranjera, han alterado no sólo los hábitos de los defensores del NO, sino también los nervios.

Aquellos que hasta no hace mucho tiempo eran oradores centrales en ámbitos académicos o en foros internacionales, debieron dejar de lado sus ropajes de sabios y estadistas, bajar del limbo de la teoría política y ponerse a opinar de temas mucho más terrenales.

Claro que ya no lo hacen desde la suficiencia que denotan sus piernas cruzadas en lujosos sillones o con ostentosas gesticulaciones que sólo se se ven interrumpidas para adoptar una imagen de reflexivos e inteligentes, que bien podría ser tomada como modelo de Auguste Rodin para esculpir al Pensador de los nuevos tiempos.

Parece que a los ideólogos y voceros calificados de la derecha se les han escapado esas felices épocas como agua entre los dedos, y a otros, las aventuras emprendidas junto a éstos, no les han caído del todo bien para su sistema nervioso.

Ya no se notan tan doctorales y suficientes, sino más bien adustos ante las cámaras de televisión, y agresivos con la pluma. A pesar de que saben de antemano que ningún periodista empleará a fondo su sagacidad y osará realizar preguntas «políticamente inconvenientes» o «fuera del estilo del programa» (o de la publicación) del tipo de:

¿Por qué no se aprobó la ley con las mayorías especiales que establece el artículo 188 de la Constitución de la República?

¿No sería conveniente y sano en una subasta como la que establece la ley, que existiera ya no sólo una Unidad Reguladora para el jugoso negocio de los combustibles, sino también un marco regulatorio previo y que todos estemos en conocimiento de cuáles van a ser las reglas de juego previo a que se sepa el ganador?

¿No lo estarán postergando para hacerlo a la medida del socio extranjero?

¿Por qué se creó la Unidad Reguladora dependiendo de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y no del Ministerio de Industria Energía y Minería?

¿Esta Unidad Reguladora allí ubicada estará concebida para impulsar el desarrollo de políticas productivas, de integración –en el marco de una política energética– o para planificar la retirada del Estado en este sector?

¿Esta ley no es parte del modelo de país que impulsaron las derechas en el continente (de vender los bienes para remediar los males) y que hoy están buscando desandar?

Si esta ley es para salvar Ancap de la voracidad de mercados de las transnacionales del petróleo, ¿por qué aparece vinculada a documentos de intención entre nuestro gobierno y los organismos de crédito internacionales?

¿Quién miente: los documentos del Banco Mundial que establecen que se subastará en unos 58 millones de dólares o el senador herrerista Heber que dijo en los desayunos de Puglia que pensaba sacar unos 200 millones?

¿En qué artículo de la ley se establece que los combustibles bajarán el precio de venta al público? ¿Cuánto bajarán? ¿Cuándo bajarán?

Si el objetivo de la ley es bajar los precios, ¿por qué han aceptado los lineamientos de los organismos de crédito que han aumentado el supergás y el fuel-oil, dos combustibles de amplio uso en calefacción? ¿No será para promover la reconversión al gas natural, negocio mayoritariamente operado por empresas extranjeras?

Si hasta el momento Ancap es ciento por ciento estatal y quien gane la subasta y pague determinado monto de dinero se quedará con la mitad, ¿no es una privatización parcial?

¿Están de acuerdo con entregar el control del negocio al socio extranjero?

¿Están de acuerdo con que el socio extranjero tenga cuatro directores y Ancap sólo dos?

¿Están de acuerdo con que el socio extranjero tenga tres gerencias y Ancap sólo una?

¿En qué oportunidad los trabajadores de Ancap han solicitado que se les pague el sueldo en sus casas sin ir a trabajar? ¿No han reiterado hasta el cansancio que quieren trabajar dignamente?

¿Creen que este gobierno de coalición blanca y colorada está en condiciones de garantizar un buen negocio para el país?

¿Creen que directores como el ex ministro de Transporte Jorge Sanguinetti, con el desmantelamiento que realizó en el ferrocarril en beneficio de las empresas de transporte carretero y las marchas y contramarchas en las tareas de remodelación de la Refinería de La Teja, está en condiciones de conducir una asociación beneficiosa para el país?

¿Es la Intendencia Municipal de Rocha, gestionada por el actual director de Ancap Adauto Puñales, garantía de buena administración y cristalinidad?

¿Son las desastrosas asociaciones en Alcoholes y Portland impulsadas por estos y otros directores garantía de buenos negocios para la asociación que está planteada?

Estas son algunas de las preguntas que nos quedaremos con las ganas de escuchar por parte de los más encumbrados periodistas a los doctorales, sabios e inteligentes impulsores de la ley.

Tampoco sabremos qué piensan sobre estos aspectos quienes se han embarcado en la aventura con la derecha –en este y otros temas que son parte del programa neoliberal– como las megaconcesiones, la entrega del Aeropuerto de Carrasco con sus primeros 100 trabajadores en la calle, etc, con el argumento de ayudar al gobierno para que le vaya bien al país.

Y es sobre esto que hay que discutir y no hacerse los ofendidos porque esa no es conducta de izquierda.

Está bien que se crea y que se diga que hay que ayudar al gobierno.

Y está bien que se nos acepte a nosotros que pensemos y que expresemos que se está ayudando al gobierno a aplicar un programa antinacional y antipopular que está hipotecando el presente y el futuro de este país.

Necesitamos Ancap en nuestras manos para construir un país para quedarse.

Y así lo expresará la gente el 7 de diciembre. Con la rosada y el SI. *

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