La Ancap es uruguaya
La Ancap, con toda la importancia innegable que tiene, no es el ombligo del mundo. Incluso, como es obvio, en nuestro país hay temáticas más importantes, sin restarle gravitación a ella. Creo que sobre este enfoque podemos estar de acuerdo sin mayores violencias. Pero eso sí, nadie duda que la han transformado en todo un símbolo. O sea, se creó en su torno una «pulseada» política de intereses partidistas en base a las próximas elecciones nacionales. Cuando la población no lo entendía precisamente así. Se podría afirmar que en el plebiscito del domingo hay un interés primario de «quebrar» al Frente en su carrera presidencial. De ganar el NO, estaríamos frente a la prueba del nueve en la posibilidad de la derrota de Vázquez. Y eso es justamente un desvío de las verdaderas razones en juego que se deberían dar a la luz. Me explico. Para votar por el SI, no es necesario pertenecer al Frente, como se está diciendo malamente. Yo y otros muchos lo haremos sin por ello renegar del partido de Oribe. El que no participemos del «iluminado» criterio de los doctores del Honorable que van a confraternizar a la Casa del Partido Colorado, monitoreado por el «turco» Abdala en el mismo estrado con Sanguinetti, un notorio, pertinaz y feroz enemigo visceral de los blancos, de ninguna manera implica que dejamos de ser blancos o nacionalistas. Traicionaríamos al viejo partido, y entiendo que es la verdadera razón de la lucha por Ancap, si nos plegáramos a los principios «globalizantes» que obligan a entregar a capitales foráneos imperiales las riquezas nacionales. Ejemplo el acuífero Guaraní o, tal vez, ¿por qué no?, la propia Ancap. Dejaríamos de ser blancos, si aceptáramos mansamente conformándonos con la venta, como se hizo, del aeropuerto de Carrasco a gente procesada por estafa en la Argentina. Dejaríamos de ser blancos si condenáramos hasta nuestros bisnietos, durante 30 años, dejando el destino de Ancap con sus gerencias y, por ende, el de sus políticas, en manos de los «gringos» capitalistas imperiales. Me importa «tres rábanos» si se exagera o se dice la verdad, que en política el que esté libre de pecado que tire la primera piedra (los «capitostes» del NO se quedarían «mancos»). Pero sí me importa, como blanco, tener que meter en mi casa, que es mi Patria, intereses voraces que en los hechos se adueñarán de Ancap, vendida por un gobierno que no merece a nadie confianza y que le queda escasamente un año de «triste» vida.
El futuro de nuestros hijos no puede depender o hipotecarse con «ligereza» como se maneja según costumbre, este gobierno muy colorado y batllista. Bueno es aclarar que si por esas «moscas» casuales y a veces inevitables se puede coincidir circunstancialmente con gente colorada y forista de Julio María, por ejemplo, no se me ocurriría ni «mamao» invitarlos a mi casa a tomar «tecito con escones» y mucho menos ir a la «leonera» salvaje, de amables visitas: lugar donde se decidió durante siglo y medio persecuciones, asesinatos y traiciones a nuestros mayores: hace algún tiempo, tal vez por debilidad partidaria, lo admito, tenía «exonerado» de palos al Presidente del Honorable. Pero todo tiene un techo. ¡Sanguinetti no es potable, don Cuqui! Para peor, y no lo inventé yo por cierto, los propios lacallistas aseguraban que Julio María era el creador e impulsor ideológico con las «penumbras» de la «embestida baguala». ¿Se acuerdan? ¡No me sufran de amnesia por favor! Pero además, entre otras menudencias, fue Julio María el que se aprovechó de la cárcel de Wilson para salir presidente. ¿Se acuerdan? Y más recientemente, en su segundo mandato, se imprimió un lamentable libelo sobre los 200 años del Cuerpo de Blandengues, denostando groseramente nada menos que al Brigadier General Manuel Oribe, Segundo jefe de los gloriosos 33 orientales, Teniente de Artigas y a la sazón Patriarca de nuestro Partido. Lo impulsó su señora esposa doña Marta Canessa y obviamente bajo su responsabilidad. ¿Se acuerdan? Pero a lo que voy, que aunque pueda haber alguna «triste» coincidencia, el «entrevero» al decir de Wilson, es malísimo. ¡No somos iguales ni parecidos a los colorados! Don Cuqui: si se pierde la identidad, se pierde la razón de ser blanco. Te lo digo con dolor y respeto por el bien de la Colectividad. Hay 300.000 blancos «afuera» que no vuelven entre otras cosas por verte sentado y dándote la mano «fraternalmente» con Sanguinetti.
¡Los blancos con los blancos! ¡No te lo borres nunca! ¡Ah! ¡Me olvidaba! Al igual que el acuífero Guaraní, la Ancap también es uruguaya! ¡Vivan los blancos! ¡Carajo! *
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