El país se juega en Ancap
El país va a vivir horas trascendentes, cuando la ciudadanía se vuelque a las urnas para definir la suerte de Ancap, que es nuestra principal empresa pública, herramienta imprescindible para construir un país productivo que contenga a sus hijos en su propia tierra.
La población sabe de nuestra propuesta de derogar esta ley de asociación votando el SI, papeleta rosada. Ha conocido en profundidad que, de aprobarse esta ley, la gestión de la nueva empresa quedará en manos del socio privado, perdiendo el país y los uruguayos la posibilidad de controlar los negocios de Ancap. Si esto ocurriera, cosa que las encuestas de opinión pública parecen no prever, estaríamos atados de manos y sin poder ejecutar políticas energéticas que activen nuestra economía y el aparato productivo.
Por todo esto el próximo domingo no sólo está en juego una ley que de confirmarse pondría a Ancap en manos del socio privado, seguramente extranjero, sino que estaría en cuestión la alternativa de superar la tremenda crisis que sufre el país, desde la quiebra del sistema financiero el pasado año.
En este sentido aún hay que hacer un esfuerzo mayor para ganar a esos indecisos y compatriotas confundidos para que voten por la derogación de la ley, a la vez que enmarcamos todo ese inmenso caudal de votos en la perspectiva de reconstruir el país en base a un nuevo rumbo de la economía. Tarea ésta que tendrá que ser de la gran mayoría de los uruguayos, quienes con su participación y lucidez sabrán alumbrar una nueva realidad.
El voto por el SI es por derogar esa mala y peligrosa ley de asociación, pero tiene que ser a la vez el compromiso de todos de transitar por caminos de producción, de desarrollo y de mejora sustancial de la calidad de vida de los uruguayos, particularmente de aquellos que hoy la están pasando mal.
Lo hemos dicho otras veces: no nos negamos a todo tipo de asociación, nos negamos a esta asociación que nos propone este gobierno, que nació con objetivos privatizadores y que ante el rechazo popular tomó el camino de la asociación, con el fin de debilitar el Estado y desatar en extremo las fuerzas del mercado. Asociaciones que Ancap ya las practicó en distintos rubros y que terminaron en verdaderos fracasos que pagamos todos.
En estas horas previas al 7 de diciembre es importante que imaginemos cómo sería el Uruguay con esta ley o sin ella. Sin esta ley el país entero tendrá un amplio abanico de posibilidades, entre ellas de construir una asociación sobre otras bases, con otra ley, manteniendo para el Uruguay el control de la gestión. Esto permitirá que Ancap sea uno de los motores fundamentales del país productivo que la gran mayoría de los uruguayos reclama.
Pero si la ley se confirma, estaremos ante un camino sin retorno que tendremos que transitar por 30 años, poniendo en peligro la alternativa de sacar al Uruguay de la recesión y de la crisis.
No son horas de actuar con irresponsabilidad y desinterés, por más que muchos uruguayos sientan que desde el sistema político muchas veces no se le han dado soluciones a sus angustias. Comprendemos a aquellos que están defraudados con este gobierno que surgió por el voto de la ciudadanía, pero aun esos compatriotas deben recuperar la confianza en sus propias fuerzas y en la del conjunto de los uruguayos, para poder construir entre todos nuevas alternativas.
Del mismo modo que es impensable soñar con nuevas realidades si no tenemos un Banco República saneado, activo, generador del crédito, palanca de la producción y del desarrollo, también es impensable un Uruguay laborioso, de trabajo, productivo, poblado, con sus hijos felices, sin una Ancap fuerte y moderna, dirigida por los uruguayos.
Estamos, entonces, ante un momento de nuestra historia como Nación, donde no puede haber lugar para pensar en pequeño, en base a mentiras como que van a bajar los combustibles si se confirma la ley o que nos oponemos a las inversiones o que Ancap desaparece si se deroga la ley.
Por el contrario, con la derogación de la ley el pueblo uruguayo estará retomando su protagonismo, marcando su propia historia, creando un amplio consenso de ideas y de sentimientos que van a influir en el rumbo del país, cimentando la recuperación de la economía. Como en diciembre 1992 cuando el plebiscito de Antel que impidió que Uruguay se menemizara, este domingo hay que volver a decirle SI a la patria, con la papeleta rosada, derogando la ley de Ancap propuesta. *
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