Hablando de prioridades
Cuando hace algunas semanas finalizó la reunión sobre la puesta en marcha del ALCA, en la ciudad de Miami, se evidenció la necesidad de seguir profundizando el Mercosur.
Quien analice lo ocurrido en el Mercosur, especialmente en su crisis de decaimiento verificada en los últimos años, advertirá que tras la misma estuvo planteado un deterioro del apoyo político de los países integrantes del bloque que, por razones ideológicas, prefirieron incrementar sus relaciones bilaterales con los EEUU, sin advertir ni entender que negociar en solitario es, además de negativo, altamente infecundo.
El ejemplo de Uruguay es de notable vigencia. El doctor Jorge Batlle fue rompiendo, uno a uno, los puentes que trabajosamente los cuatro países de la región habían ido levantando para posibilitar un comercio regional que favoreciera a los pueblos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
La idea del acuerdo bipartito con EEUU, seguramente, le fue sugerida por alguien a quien nuestro Presidente creyó, sin advertir que, por razones de tamaño y mil cuestiones más, ese acuerdo entre Goliat y David contenía más peligros que esperanzas.
Pero cabe preguntarse: ¿qué logró nuestro Presidente con sus relaciones más que amistosas con el presidente de EEUU George W. Bush? Algunos analistas sostienen que el hecho más significativo fue el crédito puente dado a Uruguay, compensado de inmediato por el FMI, con el que se pretendió evitar el desplome del sistema financiero.
Para ello, bien lo sabemos, se aceptó que fuera pisoteada nuestra soberanía, hoy maltrecha y enlodada. Recordemos que el gobierno arrió banderas y, a nivel internacional, «debió» encabezar campañas «dictadas» por el Departamento de Estado para, por ejemplo, presentar mociones contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
El camino en solitario de Uruguay se muestra ahora como un esfuerzo totalmente infecundo. La suspensión de la cumbre de Montevideo, anunciada por el canciller Didier Opertti, demuestra que el gobierno sube la apuesta actuando contra el acuerdo regional. Es evidente que aparece como adecuada a la realidad la convicción de Argentina y Brasil de articular, a esta altura de los acontecimientos, no sólo una reformulación del Mercosur económico, sino profundizarlo en lo político, llegando, incluso, a que se estudie la creación de un Parlamento mercosuriano.
Negarse a apuntalar un proceso de estas características es negarse a dar los necesarios pasos que servirán para que el acuerdo regional tenga el necesario desarrollo imprescindible para que la región pueda sortear la crisis que la abruma y, de alguna manera, integrarse como bloque a otros acuerdos como, por ejemplo, el que se propuso en Miami, de un llamado ALCA «flexible» que cuenta con el apoyo de 32 países del continente.
El único país que todavía mantiene un rumbo distinto en torno a este tema es Uruguay. Ya son incontables las declaraciones contradictorias de nuestro Presidente, que pasó desde declararse un defensor a ultranza de un acuerdo comercial bilateral con EEUU, para luego trasladar sus amores a otro contubernio, el del ALCA.
Hay que tomar conciencia –y para ello sirvió el acuerdo que se conoce como Consenso de Buenos Aires– de la necesaria vigencia del Mercosur, que no puede seguir con su rumbo errático, tanto en el continente como en su explícito contenido. *
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