Políticas cuestionadas

Las críticas a las políticas económicas inspiradas en el neoliberalismo están suscitando las más amplias críticas en buena parte del mundo.

El hecho vale la pena examinarlo dada la proclamada voluntad del nuevo gobierno de seguir avanzando en la misma línea que sus antecesores y … hasta un poco más allá.

Diariamente, las páginas internacionales de los periódicos dan cuenta de los verdaderos desastres sociales que en nuestra América Latina viene provocando la aplicación más o menos sistemática de las orientaciones y las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional.

Valdría la pena que desde las tiendas políticas y las «usinas ideológicas» de los que respaldan estas políticas se levantaran algunas de las críticas que hoy superabundan en la prensa, los parlamentos y ahora hasta en los púlpitos de nuestros países.

Unos días ha, los círculos políticos y bien informados de la Argentina fueron sorprendidos por algunas sorprendentes declaraciones realizadas por altos prelados de ese país.

Como se sabe, a diferencia de la brasileña, la Iglesia argentina no se ha caracterizado nunca por su compromiso social o presencia pastoral en el ámbito de los más despojados.

Y dentro de sus autoridades, tampoco Primatesta se ha caracterizado por su criticismo social y su compromiso.

Sin embargo, hoy aparece como un adherente expreso a las medidas de lucha que vienen llevando a cabo las centrales sindicales contra las políticas del FMI y su aplicación en la Argentina por el gobierno de la Alianza.

Lo más impresionante de estas movilizaciones, empezando por la marcha de ayer miércoles, es la amplitud de convocatoria en la que los organizadores iniciales, la CGT Rebelde, liderada por Hugo Moyano, consigue atraer a su línea de movilización y protesta también a la CGT ortodoxa liderada por Rodolfo Daer.

Un verdadero acontecimiento en el castigado mundo del trabajo de Argentina.

A la decisión de estas dos ramas del viejo sindicalismo peronista hay que agregar la presencia de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) muy golpeada por las consecuencias del Plan de Ajuste implementado por el gobierno.

Las movilizaciones contra la política fondomonetarista incluyen la realización de un paro general el próximo 9 de junio.

Algunos de los sindicatos participantes se plantean que la medida adquiera los perfiles de un paro activo, de 36 horas de duración y con la realización de «caceroleos», apagones y cortes de ruta.

«A ajustes duros hay que dar respuestas duras», señalan los dirigentes de la CGT rebelde que se empeña en denunciar la nefasta influencia del organismo internacional en las políticas sociales de ese país.

Es indudable que aquí también está en juego la defensa de lo que los sindicatos consideran una conquista histórica y que constituye una tradición argentina que arranca de la época del primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955): las Obras Sociales que regulan la salud.

Como en nuestro país el sistema está en crisis y los sindicalistas rechazan las propuestas que apuntan a obligar a que las Obras Sociales compitan con las entidades privadas de Medicina Prepaga.

La situación es compleja y no se debe desdeñar la importancia de motivaciones eminentemente de cuño político, básicamente provenientes del menemismo, responsable como se sabe de la gran parte de la bancarrota económica que hoy padece la Argentina.

No obstante, no es el oportunismo de un vector político lo que explica la situación de inconformidad y desasosiego social que vive nuestro vecino.

El fondo de la cuestión es la incapacidad del recetario neoliberal para evitar el deterioro social de las naciones de los países menos desarrollados.

En esa lección, en ese espejo deberían mirarse los dirigentes políticos y económicos de nuestro gobierno. Y a partir de ahí actuar con más sentido de la independencia nacional, de la creatividad programática y de la solidaridad social.

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