Cuidado con seguir mojándole la oreja a la gente

Que no tengamos que arrepentirnos por no haber sabido preservar el clima en el que, seguramente, todos queremos convivir. Pero aquí parece insinuarse una intención del gobierno de «apretar el acelerador», incluso en las medidas y hasta en el tono.

Así como sería censurable un despilfarro estimulado por la perspectiva electoral, cuidado con seguir arrinconando a la gente en una situación límite, porque eso puede provocar la reacción desesperada que no queremos, utilizando un lenguaje que puede desalentar hasta la más ingenua ilusión de que esto pueda mejorar.

Ni hablar de aumentos, pero no es ni siquiera que todo siga igual, porque del lado del «patrón» (el Estado) sí se admite la avalancha de incremento (UTE, OSE, Antel y hasta los combustibles de Ancap) a pesar de que hasta los propios directores blancos han dicho que ello no es imprescindible; pero ahí está la amenaza de un efecto incendiario.

Si algo merecen los que más sufren el peso de la crisis es respeto y comprensión, porque muchas familias lo están pasando muy mal.

¿Y cómo se entiende el lenguaje oficialista? Como un «pierda las esperanzas, ajústese el cinturón, consuma menos (y no decimos «coma» porque nos parece espantoso) prepárese para seguir alentando la emigración de sus hijos», utilizando la infeliz terminología del señor ministro de Salud Pública al referirse al «terrorismo asistencial» de los funcionarios de la salud, que están en una situación lamentable; acá, ¿de qué hablamos? ¿De terrorismo económico?

¡Basta, por favor! ¿Hasta dónde llega la gente? Se confía en su extremo de resignación, en la mansedumbre de los que sufren esta realidad. Simplemente que se cuiden, aunque no haya trabajo, aunque desatiendan la salud…

¿Habrá soluciones mínimas? Claro que podría haberlas. Mucho para corregir, y si no, que reconozcan su estrepitoso fracaso y que tomen conciencia de lo que pueden estar promoviendo aun sin tener esa intención; pero ¡cuidado!

Yo sé que quienes leen estas cosas pueden pensar que «es fácil» criticar y encender la luz roja. Nada de eso; es muy doloroso, pero esa responsabilidad la impone un elemental sentido de solidaridad con nuestros compatriotas que lo están padeciendo.

Si algo queremos dejar claro, es que no tenemos ni asumimos ninguna representación, apenas la de algunos compañeros y amigos que puedan compartir estas preocupaciones.

Hoy, el escenario político mira las internas, que pueden y deben ser mucho más que una carrera de nombres.

Y una vez más, digamos que para esa instancia apoyamos, en cuanto hace al Partido Nacional, la candidatura del senador Jorge Larrañaga. Con él hemos mantenido un diálogo franco y abierto que si no ha sido más intenso es porque está permanentemente recorriendo el país, escuchando y explicando, lo que nos parece muy bien. Pero apenas cerradas las urnas y con los resultados sobre la mesa, habrá que reflexionar mucho para ver por dónde se puede encontrar una auténtica, responsable y confiable alternativa de cambio que ya es impostergable, y ahí miraremos con la mayor preocupación hacia las elecciones nacionales y resolveremos, sin ninguna expectativa personal, sabiendo cuánto es lo que esta vez el país se juega.

Al decir de Javier Barrios Amorín, esta es la premisa: primero el país, después el partido y por último los hombres.

Modestamente, es lo que pretendemos construir con nuestros compañeros y junto al senador Larrañaga en esta instancia. *

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