La catástrofe nacional
Si alguien se había planteado expectativas sobre la gestión de Isaac Alfie como nuevo ministro de Economía, ya debe estar lamentando ese pequeño escozor invernal provocado por tan equivocada apreciación. El nuevo ministro, al igual que el contralmirante Márquez, solamente ha dado un giro de 360 grados y, además, un paso adelante.
La suba de las tarifas públicas así lo demuestra, ya que el objetivo del alza –hasta el propio Alfie lo debe entender– no tiene nada que ver con la recaudación de las empresas públicas, ni con la consolidación de la política fiscal y, menos aún, con la situación de los usuarios que, a raíz de esta catastrófica medida, reducirán su cuota parte de consumo, o en algunos casos dejarán de consumir, por una razón muy simple: el dinero que está en los bolsillos de la gente es cada vez menos (se anuncia un aumento para los funcionarios públicos a partir del lro de setiembre del 2%, lo que si no fuera trágico parecería un chiste de mal gusto), y no alcanza para hacer frente a esas subas absurdas en su oportunidad y volumen.
Algunos políticos consultados han sostenido que este nuevo incremento de las tarifas es catastrófico, al igual que toda la política que intenta extraer de los bolsillos de la gente sumas que no existen, logrando sólo agrandar los sobrantes de insumos de las empresas y, por acto reflejo, una menor recaudación.
Lo malo es que toda esta situación de empobrecimiento ya tiene antecedentes que Alfie conoce perfectamente. Toda la política tarifaria del gobierno, con la excepción de la rebaja de las naftas que se realizó anteriormente, ha servido para achicar la capacidad de recaudación de las empresas públicas. Mencionamos lo ocurrido cuando hace varios meses se resolvió hacer caer ese precio, lográndose achicar el stock de nafta que Ancap estaba vendiendo a la Argentina a precio ruinoso, y multiplicar el consumo en tres millones de litros mensuales.
Desconocer esa evidencia demostró –como también en la gravísima y escandalosa entrega del aeropuerto– que las razones que movilizan al gobierno tienen que ver con compromisos internacionales firmados con el FMI y establecidos en la última carta de intención.
Alfie ha demostrado ya que es distinto a su antecesor. El ministro actual es más bien un fiel militante de los organismos multinacionales de crédito y su tarea es cumplir, a rajatabla, un acuerdo que es impracticable, además de haber sido construido a contrapelo de la realidad.
¿A alguien le caben dudas de que cada una de sus medidas serán, como lo quiere el FMI, de carácter pro cíclico? ¿Que durante su gestión no habrá un solo atisbo de reactivación económica que no sea coyuntural y proveniente de los equilibrios o desequilibrios ocurridos en la región?
El atraso cambiario de Argentina y Brasil ha determinado una mejoría en algunas exportaciones, así como también la apertura del mercado cárnico está reflejándose en una mejoría de algunos otros rubros. Analistas estiman que sectores agropecuarios ya reciben los beneficios de la nueva situación, la que no se ha trasladado al resto de la sociedad. Una mejoría relativa que puede revertirse al modificarse los actuales equilibrios de la región.
Este dato no debe ser significativo tampoco para Alfie, pues él espera que el FMI abra de nuevo sus grifos de «maná» salvador para que los uruguayos seamos cada vez más dependientes y debamos estar endeudados, por el desastre realizado en una gestión de gobierno, durante varias generaciones. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad