Nada más que un cambio de estilo
Uno de los elementos que se destacan del doctor Alejandro Atchugarry es la capacidad de diálogo que ostentaba, característica que lo diferenció de manera notable con su antecesor Alberto Bensión. No en vano Atchugarry es un político avezado, con sobresalientes características para el convencimiento. Sin embargo como ministro fue tan duro y carente de imaginación como su antecesor. Los dos se basaron en el mismo esquema de economía ortodoxa que llevó al país a la actual situación.
Es una lástima que esas virtudes dialoguistas de Atchugarry tuvieran otra característica singular. Era un hombre amable, sin duda, maestro en utilizar su principal mecanismo de comunicación. Pero, junto a ello, también demostró una incapacidad muy notoria: la de escuchar.
Su gestión no fue un ápice distinta a la de Bensión y culminó con un desatino que se recordará como un hito en la historia económica del país. ¿De qué hablamos? Atchugarry fue el primer ministro de Economía que colocó su firma en una Rendición de Cuentas incompleta, en la que ni siquiera figuran los millones de dólares que el gobierno, en base a las llamadas órdenes verbales de Bensión (que luego fueron respaldadas por varios decretos del presidente Batlle), transfirió a la banca en un intento de salvataje.
Cientos o miles de millones de dólares que nunca se recuperarán y que tenían como destino primigenio establecidas erogaciones presupuestales. Fue un dinero que «honró» a los propietarios de capitales «golondrina» pero que no alcanzó para cubrir los depósitos de miles de ahorristas uruguayos que todavía no han podido recuperar su dinero. Y que tampoco tuvieron como efecto el salvataje de los bancos en cuestión.
Para Atchugarry no fue importante que en esta Rendición de Cuentas, la última del gobierno previa a la elección de octubre de 2004, se aclararan plenamente esas millonarias erogaciones que determinaron infinidad de perjuicios a la economía del país, entre ellos el gravísimo default interno que aún en gran medida persiste.
En el período en que Atchugarry estuvo al frente de esa cartera, se establecieron incluso mecanismos para que las deudas del Estado con sus proveedores se comenzaran a licuar por intermedio de una inflación que debió ser azuzada con sistemáticos incrementos en las tarifas públicos, acción no muy bien razonada pues en un país «sobreajustado» como es el nuestro, ese mecanismo no sólo acentúa la recesión sino que, por supuesto, perjudica a las empresas públicas que vieron cómo se reducía su recaudación y caía la comercialización de sus insumos.
Es la misma política de licuación por la cual se aplicará otro aumento de esas tarifas, como está establecido en la carta de intención firmada con el FMI, que no producirá un significativo incremento del flagelo inflacionario, sino que, por el contrario, hará que los uruguayos vivamos nuevos problemas para poder utilizar la energía eléctrica, los combustibles que produce Ancap, hablar por teléfono o consumir el agua de OSE.
En más de una oportunidad desde esta página hemos afirmado que los ajustes realizados por este gobierno, bajo los dos ministros de economía anteriores (Bensión y Atchugarry), han deteriorado la economía en niveles dramáticos. Claro, si se quita de la circulación, de los bolsillos de la gente, una cantidad de dinero mayor a la que necesita la economía para funcionar, es imposible evitar los males sociales que esa política trae aparejados. Desocupación, marginación, miseria y destrucción de riqueza, que se mide, entre otras cosas, por el cierre sistemático de empresas de todo tipo.
Es la política del «sobreajuste» de la cual el ministro Atchugarry también fue partícipe, que se sumó a todos los demás clisés del modelo económico que fue impulsado con pasión, sin tomar en cuenta lo que estaba ocurriendo en la región, donde el «monitor» de la clase, el más aplicado alumno del modelo neoliberal, la Argentina, vivía una crisis terminal que desembocó en convulsiones gigantescas y que, como dramático corolario, ha determinado que más del 50 por ciento de la población del país vecino se encuentre por debajo de la línea de la pobreza.
El saldo positivo que se le puede contabilizar a Atchugarry como ministro de Economía es prácticamente nulo. Señalar un cambio en el estilo adusto y cerrado de su antecesor, no es mucho. Más bien es casi nada.
Ahora que ingresamos en otra etapa, la «técnica», ya veremos qué nos espera con Isaac Alfie. *
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