Soplan los vientos del cambio
Una encuesta reciente, cuyos resultados circulan todavía en forma semipública, viene a confirmar unas tendencias ya visibles en el panorama nacional desde hace unos meses: el Frente Amplio-Encuentro Progresista y el Nuevo Espacio están acaparando el 49 por ciento de la intención de voto de los uruguayos. Según este sondeo de agosto, los partidos tradicionales estarían, sumando sus votos, en el 31 %, registrándose una ligera supremacía de la intención de voto hacia el Partido Colorado, un 16%, frente al Partido Nacional, con un 15%.
Este sondeo, repetimos, reproduce en lo sustancial los resultados de otra empresa seria, Factum dirigida por Oscar Bottinelli, que para el mes de julio establecía el mismo 49% para las fuerzas progresistas de la Nueva Mayoría y registraba un empate en 15% para blancos y colorados.
Como suele ocurrir con este tipo de aproximaciones o mediciones del estado de opinión del electorado, tanto las cifras de Factum para julio como las que corresponden a agosto se prestan a un sinnúmero de especulaciones, muchas de las cuales buscarán empardar en hilaridad a la «columna amarilla» con la que nos divierte Horacio Buscaglia.
Por ejemplo, ya se han oído las «objetivas» apreciaciones que, con «solo» un 49%, las fuerzas progresistas no tenían asegurada la victoria en la primera vuelta del balotaje. Gran verdad.
También reboza de razón la afirmación del «crecimiento del Partido Colorado» que ahora sobrepasa al P. Nacional 16 a 15.
Si se nos permite se pueden ensayar otras miradas. Por ejemplo, mirar las tendencias a mediano y largo plazo para registrar la sistemática caída del voto oficialista, tanto colorado como blanco.
Del mismo modo, corresponde consignar el aumento sostenido, estable y sin precedentes, de las fuerzas políticas que apuestan al cambio.
No se trata entonces de una disconformidad al barrer, contra todo el sistema. No se trata, como ocurrió en Argentina en el crepúsculo del gobierno de la Alianza, presidido por Fernando de la Rúa, de un indiscriminado «que se vayan todos». No, no se trata de eso. Los ciudadanos uruguayos consultados acerca de cuál habría de ser su comportamiento electoral afirman en forma sostenida y en magnitudes crecientes que lo harían por el Frente Amplio-Encuentro Progresista.
¿Acaso se podría atribuir este crecimiento al apoyo que le brindan los medios de comunicación de masas, el casi oligopolio mediático, por ejemplo? No creemos que esa sea la razón.
Creemos más bien que en la opinión pública de este país, bien politizado por cierto, ha venido madurando una nueva alternativa electoral, unas nuevas expectativas de cambio, de ejecución de nuevos programas de gobierno. Y los avances de esas ideas en el seno de la población se muestran irreversibles.
De este modo, nuestro pequeño país se suma a un clima que se extiende por la región latinoamericana. Con figuras, programas, desempeños y cadencias desiguales pero con un rumbo parecido: Castro, Chávez, Kirchner, Lula. Por el cese de las coyundas externas que nos ahogan, sea la deuda, el comercio exterior o las injerencias políticas y militares que ponen obstáculos al ejercicio de la soberanía.
Los vientos latinoamericanos del cambio no agradan al poder nativo ni al externo ni a sus reproductores oficiales. Todavía se los puede ver a diario: los jefes políticos de estas formaciones partidarias en absoluta decadencia siguen hablando con el mismo tono de siempre. El parloteo arrogante de los dueños del país. Les cuesta acostumbrarse a que son minoría. Una cada vez más pequeña minoría.
El mes próximo, cuando se publiquen los sondeos de opinión posteriores al saqueo que se está haciendo a los salarios con la Rendición de Cuentas de gasto cero, los aumentos de los precios y el alza de las tarifas públicas, probablemente recogerán cifras aún menores de intención de voto. Y los candidatos conservadores van a estar cada vez más lejos de la presidencia y más cerca de Tortorelli. O de Menem. *
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