Cifras que valen más que mil palabras

No estamos anunciando nada novedoso si decimos que el cambio operado en la titularidad del MEF se explica por la necesidad del gobierno de obedecer a las «sugerencias» del gran patrón, el FMI.

Todas las opiniones coinciden en que el gobierno quiso preservar la figura de Atchugarry evitando que éste apareciera como el encargado de aplicar las recetas recesivas que nos imponen los organismos financieros internacionales y el gran capital multinacional.

Contra viento y marea, contra las opiniones sensatas y contra lo que la experiencia se ha encargado de mostrar de manera dramática, los ideólogos del neoliberalismo siguen ufanos con su prédica privatizadora y desreguladora. El modelo propuesto ha sido bautizado por Daniel Olesker con la sigla LACE, que resume a la perfección las características y los efectos de esa doctrina inhumana: liberal, aperturista, concentrador y excluyente son los cuatro adjetivos que definen al modelo.

Precisamente en estos días el INE dio a conocer algunas cifras que, a pesar de su frialdad abstracta –o tal vez precisamente por ello–, resultan de una elocuencia aterradora. Los índices que miden la pobreza infantil (llámese infantilización de la pobreza o pauperismo de la infancia) en los distintos barrios montevideanos hablan a las claras de un fenómeno por demás ilustrativo de dos de las características apuntadas: la concentración y la exclusión. De acuerdo con los datos mencionados, nuestra tacita de plata exhibe una fractura social indecente. Mientras en la franja costera los niños en situación de pobreza representan tan sólo el seis por ciento de esa franja etaria, en el no tan lejano oeste montevideano el índice trepa a más de ochenta.

Como con razón apunta el periodista Nelson Díaz en esta misma edición, no hacen falta más de cuarenta minutos de ómnibus de la línea 163 para trasladarse desde Pocitos al barrio La Paloma, que es como decir del primero al tercer mundo casi sin solución de continuidad.

Es demasiado grave el daño que la política económica oficial le ha infligido al país, y será necesario mucho tiempo, muchos esfuerzos y un fuerte compromiso social para reparar la fractura. En una tarea que deberemos realizar entre todos, habrá que conjugar políticas de reactivación y de empleo junto a un trabajo social que permita paliar las desdichas de los uruguayos marginados para ir reincorporándolos a la comunidad. *

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