De Posadas y el Estado
Los últimos datos de la Dirección Nacional de Estadística sobre la producción industrial muestran una nueva caída: las cifras estiman un descenso de 6,1% en junio y del 5,5% en el primer semestre del año. A esta información que muestra cómo sigue siendo negativa la situación económica del país, se suma una nueva información proveniente de la Dirección Nacional de Energía que indica que las ventas de electricidad y combustibles derivados del petróleo cayeron en los primeros meses del año entre 7% y 12%. Se agrega también que en el primer semestre, UTE facturó consumos por 2.908 MWh, que son un 7% menos que en el mismo período del año anterior. Según el mismo informe, este es el segundo año consecutivo de caída del consumo facturado, que acumula un deterioro de 9,5 desde el año 2001. La situación es similar en el consumo de gas y en la facturación de Antel.
Todos estos datos introductorios vienen a cuento para comentar las paparruchas insolentes de Ignacio de Posadas quien, con un estilo efectista pero que ya ha dejado de ser sorprendente, habla del fin del Estado uruguayo que, según las letras que estampa, «ya no cumple adecuadamente ni con los servicios básicos para la salud y la educación, ni con otros fines esenciales, caso la seguridad y la Justicia».
Fácil es hablar, pero complicado es tratar de que un discurso efectista cale hondo y determine que la opinión del ex ministro pueda convencer a alguien. Habla contra un Estado que es agredido desde hace muchos años, con distorsiones gigantescas (como las salariales), que muestran una sorprendente falta de equidad que lo está cuestionando a fondo. Pero como todos sabemos, se trata de un Estado que sufrió, por obra y gracia de los gobernantes en el período en que los correligionarios de De Posadas todavía integraban la coalición de gobierno, una sangría atroz de más de 1.600 millones de dólares para apuntalar a un sistema financiero que se caía, pues una de sus patas, la de ser funcional a los capitales que se escapaban de la Argentina, se vino a bajo.
Se usó el dinero que se encontraba en la Tesorería de la Nación para cumplir con las obligaciones presupuestales, para mantener funcionando las cosas que el ex ministro de Economía del gobierno de Luis Alberto Lacalle señala como falencias de este Estado que tenemos.
Sabemos que la situación del país es difícil, llena de nubarrones que presagian tormentas sociales de imprevisible resultado. Hay que señalar que existen estudios según los cuales más de 400 mil personas en Montevideo viven por debajo de la línea de la pobreza y que dentro de los niveles de la «extrema» pobreza, ya hay más de 200 mil. Esa cifra agobiante también es el resultado de la desastrosa política de la que fue inspirador, militante e impulsor el propio autor de la nota que apareció ayer en el semanario de la derecha.
A De Posadas le gusta tirar piedras y más piedras, pero debería, en alguna ocasión, tomar en cuenta aquella expresión bíblica, atribuida a Cristo cuando una turba intentaba flagelar a María: «Quien esté libre de culpas que arroje la primera piedra».
Sería un acto de realismo. Pero ello no se lo pidamos a este señor que le gusta utilizar un sui géneris terrorismo verbal. El cree que es contundente pero para otros, ya suena ridículo. *
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