El crecimiento de la resistencia iraquí
La exigencia de las autoridades norteamericanas en el sentido de aumentar el número de efectivos de las tropas de ocupación en Irak tiende a constituirse en un problema grave para una buena parte de países que aparecen en la lista de los eventuales proveedores. Los movimientos diplomáticos cuando no las acciones abiertas de presión sobre varios gobiernos «amigos» de los Estados Unidos muestran la extensión de la amenaza. Como es sabido, Uruguay no está al margen de estas presiones y riesgos.
El reciente ataque a la sede de la ONU en Bagdad tiene un hondo significado simbólico que algunos han simplificado hasta el absurdo. Para Robert Fisk, el prestigioso corresponsal de periódicos independientes británicos y mexicanos, el devastador asalto al edificio de la ONU «comprueba que ninguna organización extranjera –ninguna organización no gubernamental, ninguna organización humanitaria, ningún inversionista ni hombre de negocios– puede esperar seguridad bajo el régimen de ocupación estadounidense. Se suponía que el pro cónsul de Washington, J. Paul Bremer, era un experto en «antiterrorismo». Sin embargo, y desde que llegó a Irak, el funcionario ha visto más «terrorismo» del que jamás presenciará en sus peores pesadillas. Sabotaje de oleoductos, de la red eléctrica, del suministro de agua, ataques contra las tropas británicas y la policía iraquí, y ahora una bomba contra la ONU».
Y concluye el analista británico: «En estos momentos, cuando los estadounidenses aún tratan de que otras naciones se embarquen en la aventura iraquí (hasta India ha tenido el buen sentido de declinar la invitación), el ataque del martes apuntó a la yugular de cualquier futura «misión de mantenimiento de la paz». En el pasado la bandera de la ONU garantizaba seguridad. Pero en el pasado Naciones Unidas también garantizaba que nadie iba a hacerse del poder soberano. Y debido a que no existe un poder legítimo en Irak, era claro que la credibilidad de la ONU iba a diluirse entre las autoridades de ocupación y, por tanto, la organización es vista actualmente sólo como una extensión del poder estadounidense».
Por su parte resultan significativas las palabras pronunciadas por el secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan: además de condenar la brutalidad del atentado contra el Hotel Canal de Bagdad, sede de la ONU en la capital iraquí, y de lamentar la pérdida de vidas humanas, Annan lanzó un reproche a las naciones ocupantes: «Habíamos confiado en que, a estas alturas, la fuerza angloamericana habría garantizado las condiciones de seguridad que nos permitieran trabajar en la reconstrucción económica y en el restablecimiento de las instituciones. Eso no ha sucedido».
Mientras tanto ¿cuáles son las estimaciones que se realizan en los Estados Unidos acerca de las necesidades militares en Irak por parte de las fuerzas de ocupación?
Una carta enviada por el senador Joseph Biden habla de 40 a 60 mil nuevos efectivos militares a los que habría que agregar unos cinco mil policías. Hasta hace unos días se manejaba la hipótesis de que esas tropas revistarían como de la ONU, pero el atentado ha puesto de manifiesto nuevamente la intensidad de la resistencia armada iraquí y la precariedad en que están instaladas todas las presencias militares o policiales extranjeras.
En ese contexto las gestiones que en América Latina viene desplegando el secretario de Defensa del gobierno de Bush, Donald Rumsfeld, resultan especialmente preocupantes. En el caso de Uruguay a esto habría que sumar la permanente tendencia del embajador de los Estados Unidos, Martin Silverstein, a inmiscuirse en los asuntos internos del país. Las insinuaciones por parte del ministro de Defensa Nacional, Yamandú Fau, en el sentido de enviar efectivos uruguayos a Irak debería examinarse a la luz de la realidad que surge a partir de la intensificación de la resistencia nacional iraquí. *
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