De este parto, sale una chancleta
Los veteranos casi siempre amanecemos más temprano, es decir, madrugamos a veces por costumbre, y a veces por esa especie de insomnio que suele aparecerse a cierta altura de la vida.
Algo de todo eso me está pasando últimamente y mientras trato de sacudirme el pedazo de almohada que se me suele quedar pegado en la oreja, pongo a calentar la caldera de agua en el viejo y resucitado calentador «Primus» a keroseno para el mate mañanero, casi por acción refleja enciendo el aparato de radio y me desayuno con las primeras noticias del día. Eso hice ayer. Y entonces me vino como un ataque que no puedo definirlo bien si de risa o de bronca, pero lo que sí me acuerdo bien es que mis primeras palabras del día fueron ¡Pero qué hijos de puta!
Y todo fue porque escuché lo que se había dispuesto para las boletas del próximo plebiscito generado por el pueblo para defender Ancap. Resulta que los que apoyen la enajenación del patrimonio nacional, los que estén de acuerdo con la propuesta oficialista de entregar nuestras riquezas a socios privados, deberán votar las hojas que llevarán escrito un «NO» y serán de color celeste. Y los que defiendan los intereses del país, del Estado, del pueblo todo y no estén de acuerdo con la enajenación de nuestras riquezas ni de parte del capital accionario de Ancap tendrán que utilizar boletas rosadas que dirán SI.
Realmente maquiavélico. «Hijoputético», si se me permite el barbarismo. «Recontrahijoputético» si me admiten una barbaridad idiomática más.
Los del Partido Rosado, de la coalición blanquicolorada que ha hundido el país, se ponen la celeste y hacen suyo el «NO» que desde el referéndum contra la dictadura es todo un símbolo como el color celeste que nos identifica con nuestra identidad nacional. Y los que justamente defienden esa identidad, ese patrimonio, tendrán que votar el color rosado y el SI. Si esto no es embarrar la cancha, que venga alguien y me lo desmienta.
Pero lo que no saben estos pobrecitos ideólogos del oficialismo, estos (repito) maquiavélicos cerebros dignos de la causa que defienden, es que este pueblo oriental ya dejó de ser dominado por los colores. Ahora llegó el tiempo de las ideas y los principios, de la dignidad, de los hombres y no de los fantasmas. Y ya que estamos, que el que vote celeste, que le cueste. Y ni problema se hagan. De este parto, sale una chancleta. Así que a tejer rosaditos los mamelucos. Después de todo, «la» dignidad (como el amor en aquel antiguo teleteatro) «tiene cara de mujer». *
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