El insoportable peso de la deuda externa

«Hemos sido saqueados por 500 años y se pretende seguirnos saqueando»

Hugo Chávez en Buenos Aires.

«Es necesario llevar este mensaje al mundo desarrollado para que de una vez y para siempre se comprenda que no se puede seguir condenando a nuestros pueblos a la pobreza y la marginación para simular el cumplimiento de una deuda impagable», Kirchner, en la misma ceremonia oficial.

 

El peso de la deuda externa latinoamericana sobre las economías de la región ha reaparecido nuevamente con fuerza en los debates políticos y diplomáticos. Desde hace unos veinte años aproximadamente el asunto asciende o declina en el firmamento de las preocupaciones de los gobiernos. Pero no se resuelve. Más bien tiende a agravarse.

La reciente visita del presidente Hugo Chávez a la región ha permitido reabrir con inusual franqueza la relación existente entre las obligaciones impuestas por la deuda externa y las necesidades de reactivación y crecimiento económico de los países latinoamericanos.

Las posiciones del primer mandatario venezolano son claras y Chávez las comunica con singular elocuencia. No hay duda de que la experiencia como gobernante y los duros avatares a que ha estado expuesto han llevado a este conductor político a un grado creciente de madurez y visión de conjunto de lo que ocurre en el vasto mundo del subdesarrollo y con las traumatizadas economías de nuestro subcontinente latinoamericano.

La gira del Presidente Chávez alcanzó su punto culminante en Buenos Aires donde, además de un paquete de acuerdos entre los gobiernos, hubo pronunciamientos políticos de enérgica reivindicación latinoamericanista y de condena a las condiciones que la deuda y el comercio internacional nos imponen desde el exterior.

Según da cuenta en su edición del martes 19 el matutino Clarín, en un reciente libro, «La deuda: ¿debemos o nos deben?», el productor y dirigente agropecuario Pablo Cáneva estimó que a lo largo de los años los subsidios en EEUU y Europa, así como su proteccionismo del sector, ocasionaron a la Argentina un perjuicio fiscal y financiero por más de 193 mil millones de dólares, más que la deuda pública del país. Su cálculo se basa en los datos del ABARE, organismo de Investigaciones Agrícolas y Económicas de Australia, y de la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Según Ernesto Liboreiro, director del INAI (Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales), «la reciente propuesta de la Unión Europea, de reducir 60% sus subsidios a la producción, es insuficiente pues parte de un monto total que en realidad no aplica. En forma efectiva, sólo sería una reducción del 17%«.

Desde el INAI, creado por la Bolsa de Comercio de Rosario y las bolsas de Cereales de Bahía Blanca y Buenos Aires, Ernesto Liboreiro propuso que Argentina ponga en la mesa de negociaciones de la deuda una mayor apertura de los mercados agrícolas.
«Si se desmontara toda la protección y los subsidios al agro en nuestros países acreedores, el saldo comercial agrícola de Argentina subiría 87%. Y las exportaciones agropecuarias pasarían de US$ 15.000 a 27.000 millones anuales», sostuvo el experto.
Toda la cuestión del agravamiento de las condiciones de dependencia para América Latina y el Tercer Mundo y su relación con las condiciones que los países ricos imponen en materia de comercio fueron también examinadas con claridad por parte de los presidentes Kirchner y Chávez: «El fenómeno de la globalización parece querer condenar a nuestros pueblos al olvido y la marginación. Las ironías de este tiempo cívico nos muestran que mientras se nos demandan mercados libres para la competencia internacional, el mundo central se cierra a nuestras ofertas en protección a sus productores», sostuvo el argentino.

La lucidez y la madurez política de ambos mandatarios deberán encontrar émulos en el subcontinente. *

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