A generalizar y legalizar la miseria
Algunas disposiciones legales han perdido vigencia. Hay que adaptar la legislación con carácter general para todos los trabajadores a las nuevas realidades» (Fundamentación del P. Ejecutivo del proyecto sobre horario de trabajo).
En buen romance: las leyes están caducas.
Deben ser adaptadas, generalizando para todos los trabajadores, lo que es la realidad laboral de hoy.
Tenemos 274 mil desempleados a marzo de 2003, 226 mil subempleados y 454 mil trabajadores sin cobertura de seguridad social a diciembre de 2002. Total: 953 mil personas con problema de empleo.
¿Es a esta realidad que viene de larga data, la tasa de empleo viene cayendo y la de desempleo subiendo, a la que refiere el P. Ejecutivo?
¿Se pretende generalizar la falta de trabajo, precariedad, deslaboralización, unipersonalización de las relaciones laborales, con sus secuelas de miseria, pobreza, emigración, muertes por hambre o frío?
Señor Presidente de la República: no hay más tiempo ni espacio para generalizar la miseria entre los uruguayos. ¿No le alcanza con lo que tenemos? ¿O se está abriendo el paraguas para el inminente fiscalazo anunciado por el nuevo ministro de Economía? ¿No se quiere ver, o es que la frivolidad es mucha e irreversible?
Pero además no sólo se busca generalizar. En último término se propone que lo malo existente hoy, gracias a la flexibilidad y desregulación de hecho, adquiera rango legal. ¡Barbaridad!
Tenemos que ser competitivos y combatir el desempleo en este salvaje mercado globalizado se nos dice. ¡Otra vez la competencia! Rescato aquella idea de Mario Ackerman, profesor de Derecho del Trabajo de la Universidad de Buenos Aires, que refiriéndose al modelo que padecemos, dice que en él no hay espacio para el otro, desaparece el verbo compartir para dar lugar a que uno tiene que ser mejor que el otro. La consecuencia asimétrica y necesaria de ello es la exclusión del otro. Esto es: ganadores, pocos, y perdedores, muchos. ¿Es eso lo que se busca generalizar y legalizar? Por creer en la solidaridad y en el progreso social, lo rechazamos.
Se embarra la cancha apelando al convenio colectivo, como si hoy la negociación colectiva estuviera en pleno auge o se fomentara, o se protegiera al sindicalista del despido o abuso patronal. Véase la realidad.
Cien años atrás la lucha era por el establecimiento del límite horario de ocho horas y del pago adecuado de las horas extra; por el descanso dominical. Nos quieren retrotraer al siglo pasado. Por si fuera poco, se nos dice que existe «abundante normativa reguladora del trabajador individual que es de larga data». Menos mal.
Es lo que quieren modificar. ¡Curiosa manera de actualizar! *
Compartí tu opinión con toda la comunidad