Un triunfo de la ortodoxia tecnocrática

Con la renuncia del ministro de Economía, Alejandro Atchugarry, hay temas vinculados con la crisis uruguaya que comienzan a desdibujarse. Por más que el Presidente de la República sostenga que estaba convenida con el ex ministro una transición cuando «las cosas estuvieran encaminadas», es evidente que tras esta nueva crisis de gabinete se esconden causas y efectos que comenzarán a aparecer en los próximos días.

La situación del país es extremadamente grave. Y ello no lo decimos nosotros, sino que lo expresan los índices de la Dirección Nacional de Estadística (INE), que en sus últimos trabajos conocidos dan cuenta, por ejemplo, de que el consumo de alimentos sigue descendiendo. Según el INE en el primer semestre de este año la caída fue del 34,05% con respecto al mismo semestre del año anterior. En junio, que es el último mes computado, la caída fue de 7,41% con respecto al mes de mayo.

Tras esas cifras hay un reacomodamiento en retroceso de la economía que se expresa en la dramática comprobación que hay sectores que siguen bajando su consumo y que otros  los pertenecientes a zonas marginales  han quedado fuera de mercado y se mal alimentan con mendrugos obtenidos quién sabe de qué forma, inclusive buscando en la basura.

El país que ha dejado Atchugarry, luego de su actuación al frente de la difícil cartera de Economía y Finanzas, sigue agobiado por la gigantesca deuda externa soberana que fue renegociada. Por diversas razones, especialmente por la necesidad de comercializar Letras de Tesorería, el peso de los vencimientos sigue en ascenso, y en un plazo muy cercano podrían igualarse a la realidad que se tenía previamente a la negociación con los acreedores, período en que el país estuvo al borde del default.

Obviamente esta renuncia no tiene vinculación con discrepancias sobre la política económica, ya que Atchugarry no modificó un ápice la línea impuesta por Alberto Bensión que, reconozcámoslo, tenía sus raíces en las políticas de los gobiernos anteriores. El ultra ortodoxo Isaac Alfie, que asume el Ministerio, es más de lo mismo, pero sin una característica que Atchugarry supo exhibir: su perfil político negociador. El nuevo ministro es un ortodoxo afiliado a las ideas más negativas del modelo económico, un verdadero tecnócrata que completa su perfil como un claro candidato a terminar su carrera en algún organismo de crédito multinacional.

¿Qué puede aportarle Alfie al país y a los uruguayos? Su trayectoria es conocida y sabemos que siempre ha sido partidario de favorecer a los capitales transnacionales, aunque estos sean del tipo «golondrina», y que se negará, obviamente, a aplicar algunas soluciones que están en la base del inicio del proceso de reactivación que es imprescindible para que el país se convierta nuevamente en viable. Si Uruguay no crece, no habrá ninguna posibilidad de solucionar la gravísima problemática que está destruyendo lo que queda. Alfie, seguramente, mantendrá la tesis ortodoxa del «rebote» de la economía, que Bensión anunció en reiteradas ocasiones y que ahora, si las cifras de la caída no dijeran lo contrario, el gobierno anunciaría con bombos y platillos que se está produciendo.

Pese a que la crisis no se resuelve, que Atchugarry no cambió en nada los planes de la economía, su renuncia no es una buena noticia.

Dada la característica del recambio, con esa apuesta a lo técnico por sobre lo político, parecería que se ha ingresado definitivamente en el camino de la más pura ortodoxia neoliberal que traerá aparejada más degradación y cuyos resultados son previsibles. *

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