El precio de la carne
Un sentimiento contradictorio embarga a los uruguayos. No saben si alegrarse porque aumentan las exportaciones de carne o apenarse porque cada día la pagan más cara. Es natural, si la mayoría fueran ganaderos o propietarios de frigoríficos exportadores, el precio de ser carnívoros estaría largamente compensado por el que reciben como vendedores. Pero como ese no es el caso para el uruguayo medio, cuya única relación con la carne es la de consumirla en forma de asado, guiso o puchero, este no sabe si reír o llorar.
Según el ministro este sacrificio patriótico que se le impone a la mayor parte de los habitantes del país, lejos de ser perjudicial como parece a primera vista, es en realidad una medicina amarga pero necesaria de la que deberíamos estar felices de poder tomar.
Porque dice: que si bien es cierto que los precios que debe pagar el consumidor son la consecuencia de no interferir en los negocios de los frigoríficos exportadores que trasladan al empobrecido mercado interno el precio internacional, esto no es malo, al contrario.
Del punto de vista del gobierno, el precio de monopolio que imponen los frigoríficos «tonificaría» el precio de las haciendas y con él, las ganancias de los ganaderos, estimulando sus inversiones, promoviendo a la postre el aumento de la producción futura.
Según el gobierno este proceso culminaría con mayor oferta, en aumento de las exportaciones, el descenso del precio en el mercado interno y el enriquecimiento del Estado por concepto de divisas.
Lamentablemente esa alegre previsión teórica no es avalada por los hechos. Porque si una cosa ha quedado demostrada en la historia económica de la Banda Oriental es lo poco que incide el precio de la carne como regulador del volumen del rodeo nacional. No es casualidad que en los últimos cien años el stock medido en unidades ganaderas (vacuno/ovino) permanezca estable. Eso significa que no importa cuánto más cara paguemos la carne hoy, porque a la luz de la estadística, si de algo podemos estar seguros, es que el mayor precio del presente no contribuirá ni al aumento de la producción futura ni a un menor costo para nuestros nietos.
Un segundo aspecto al que el señor ministro no hace referencia, pero que sería esclarecedor para los sufridos orientales, es poder saber de cuánto se apropian los diferentes agentes involucrados en el proceso de producción-faena-comercialización por cada mil dólares de carne exportada.
Resultaría sumamente ilustrativo enterarse por ejemplo, con cuántos dólares se quedan los estancieros, los dueños de los frigoríficos y los banqueros por una parte, y cuántos reciben los peones, los obreros y el Estado por otra, para poder saber cuál es la cuota parte de la alegría del país que nos corresponde y cuál es el monto de nuestro sacrificio. *
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