Un Uruguay irreconocible

La frase pertenece al ex director del Iname Alejando Bonasso, cuando advirtió sobre el peligro de una fractura social, preguntándose a la vez: ¿quién puede asegurar que en el futuro los niños tengan internalizados los valores democráticos, si la mitad de ellos nacen pobres?

Se estima que al fin de la primera década del siglo XXI, Uruguay tendría medio millón de personas mayores de 65 años. Esto en un país en que las pasividades en los últimos cuatro años, bajaron un 20%, lo que sucede luego de la «madre de todas las reformas» del ex presidente Sanguinetti.

Agreguemos que se nos están yendo casi 50.000 uruguayos por año, mayoritariamente jóvenes. ¿Qué otra cosa se les puede pedir, cuando nuestro país, habiendo ocupado los primeros lugares de América Latina en índices de trabajo decente, hoy ha descendido a los últimos?

Bien. Los dichos de Bonasso vienen a cuento, porque una cosa es que en Uruguay a un millón de personas, la tercera parte de la población, no le alcancen sus ingresos para satisfacer las necesidades elementales de alimentación y de otros bienes y servicios básicos, es decir son pobres, hecho tremendo, y otra más catastrófica aún, es que uno de cada dos niños de hasta 12 años, y uno de cada tres entre los adolescentes sean pobres.

No para ahí el asunto. Si hablamos de hogares no pobres, apenas uno de cada cuatro de sus integrantes son menores de 18 años, proporción que en los hogares pobres es la mitad.

Hablando en plata: el futuro del país está hipotecado. Para decirlo en lenguaje del Instituto Cuesta Duarte de Julio/2003: «significan una verdadera hipoteca para cualquier estrategia de desarrollo social y económico en el futuro de mediano plazo de la sociedad uruguaya».

Situación difícil de revertir dado el profundo deterioro de la fuerza de trabajo y del sistema productivo del país. A lo cual se agrega el enorme endeudamiento con el exterior, el que se estima que a fines del año 2003, rondará en cifras más o menos similares a ¡la producción que se genera en un año: esto es el PBI!

Difícil de revertir pero reversible, sin ninguna duda. ¡Claro! Habrá que cambiar valores sustanciales en los que se sustenta este país, tirando a la basura los que están reflejados en frases pronunciadas por un alto jerarca del INAC respecto de los precios de la carne. Dijo este señor que los uruguayos tienen que acostumbrarse a estos precios y a competir con los consumidores de los países que nos compran el producto. Son las leyes del mercado, agregó.

No merece mayores comentarios, por la frivolidad en que se basan, las que tendrán que ser descartadas en el futuro. Si así sucede, todo es reversible. ¡Vaya si será! Me imagino lo que se dirá: que no sabemos nada de economía, que somos voluntaristas, que ignoramos lo que es la competitividad. ¡Por favor, a jugar limpio! *

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