Las manipulaciones del ranking

En el Uruguay de hoy, pleno siglo XXI, la política de «dejar hacer, dejar pasar» que predica, cínicamente, «de la boca para afuera», el liberalismo descarnado, valga la redundancia, de «nuestros» desgobiernos posdictadura (?), tiene sus excepciones claves.

En efecto, el Estado, según su cínica visión, debe ser chiquitito, enclenque, ciego y sordo ante los embates insensibles e inclusive ilegales contra la gente, de los poderosos actores que pululan desde la actividad privada, persecución del santo lucro mediante.

Pero eso no impide que, desde ese mismo gobierno, en situaciones de «extrema necesidad» (para ellos), por conveniencia, sin disimulo ni escrúpulos, se habiliten mecanismos de extrema, dudosa e inconveniente intervención digitada, otorgando discrecionalmente, «a contrario sensu», monopolios privados.

Y en este caso nos referimos nada menos que a la utilización de los medios masivos de comunicación e información que el gobierno rosado, se llame Sanguinetti, Lacalle o Batlle el «títeretular» de turno, ha efectivizado en su más directo beneficio, e intenta consagrar «sine die», adelantándose al «cambio de mando» .

Apoyándose en esa garra cuasi mafiosa y complaciente, para poder llegar, gratuitamente, por supuesto, porque los favores no se hacen sin contraprestación, a las masas de espectadores videntes-oyentes, con su mensaje político, masas a las que no tienen acceso, lógicamente, sus opositores, debido a este doble juego de beneficios y prohibiciones tácitos.

Trascendió en estos días que Batlle se aprestaba a consagrar otra excepción a su declarada línea liberal de la «democrática» igualdad de los zorros y las gallinas en el gallinero llamado mercado, otorgándoles, por lo menos, (por algo se empieza), por diez años, el monopolio de la TV «abierta» (es un decir) y la por cable, a los tres monstruos televisivos que, al revés del de la Hidra de Lerna, tienen una sola cabeza monopólica en común, que se llama Equital.

Pero eso, con ser una trampa prohijada desde el más indisimulado y descarnado poder de la derecha, resulta un juguete de nenes de pecho al lado de la «jugada» de alto vuelo que se ha «mandado» una famosa (por lo turbia), transnacional de la medición de audiencias, la Ibope.

En efecto, se están investigando denuncias con sólida base de que, en materia de mediciones de audiencia, la susodicha realizaba, (voluntariamente, claro está, si no, qué gracia tendría) un trampeo de resultados, haciéndoles dar a las cifras originales, lo que «alguien» interesado en el servicio mercenario, quería que dieran.

Y la gravedad de las consecuencias es inocultable.

De esa forma, se inducía a las empresas de publicidad, mas allá de sus propios métodos de selección, correctos o no (que es harina de otro costal), a elegir determinados medios de comunicación por haber sido declarados, según el falseo de los reales datos, como mejor ubicados en el ranking de oyentes. De esa forma, casi «subliminal», se condenaba a otros, que realmente tenían según los datos originales, mejor ubicación en el ranking, a no ser seleccionadas para asignarles propaganda, condenándolas, casi en todos los casos, a una muerte económica segura, a mayor o menor plazo.

¡¡Pavada de incidencia, la de los dueños de la «manija» de las encuestas de «rankings» en medios de comunicación!!

Nada menos que poner en manos de un «juez» de esta calaña la decisión en cadena de la adjudicación de propaganda a unos medios sí y a otros no. Todo ello suficientemente seleccionado por la forma digitalmente más cuestionable.

Seguramente con el condimento suficiente del componente político adicionado al mero (?) aspecto económico.

Así están las cosas en este mundo capitalista.

Yo, como Mafalda, quisiera que pare, para poderme bajar. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje