La democracia interna en los partidos

Durante muchos años, la democracia en la vida interna de los partidos políticos fue un estribillo repetido por parte de los defensores del orden conservador y libre-mercadista. «La democracia bien entendida empieza por casa», se decía; entonces se aprobaron estatutos y hasta algún programa fue ratificado por instancias amplias como las convenciones partidarias. Significativamente, esas formaciones políticas no reconocían la vigencia y la legitimidad de las formas democráticas  nuevas, distintas  que las fuerzas progresistas practicaban. Casi veinte años después de la «restauración democrática», el Frente Amplio  pese a los fuertes factores de desmovilización política que existen en el país  sigue resolviendo sus principales cuestiones a través de organismos democráticos y participativos. Se discutirá más o se discutirá menos, habrá mayorías netas o más disputadas, el hecho es que la estructura democrática y las representaciones de los organismos de base siguen siendo convocadas de manera regular. Y los principales asuntos de la táctica y de la estrategia progresista se siguen decidiendo ahí, en los Plenarios Nacionales o Departamentales, en las Mesas Políticas nacionales o departamentales.

Mientras tanto, vale la pena preguntarse, ¿qué es lo que ocurre en el interior de los partidos tradicionales? ¿Qué instancias practican los estridentes jilgueros del oficialismo colorado, los «dueños» de la grifa y de la pelota, los que presumen ser los únicos demócratas con patente? Veamos una opinión interesante al respecto.

Días pasados, una nota en la página de información política de LA REPUBLICA daba cuenta de una serie de reflexiones del dirigente del Partido Colorado y ex vicecanciller de la República, Dr. Ope Pasquet Iribarne. El Dr. Ope Pasquet fue uno de los hombres que participó activamente en los esfuerzos de renovación del batllismo en el período de lucha contra la dictadura, ocupando luego cargos parlamentarios y en el gobierno. Sus discrepancias con los sectores mayoritarios lo llevaron a fundar, junto con otras figuras de su generación, la agrupación Batllismo Abierto, donde sustenta una posición definida y crítica con relación a las fuerzas políticas hoy hegemónicas dentro del Partido Colorado.

En la nota publicada el 4 de agosto, Ope Pasquet sostenía: «En lo que va del actual período de gobierno, la Convención Nacional «no sesionó ni una sola vez, lo que probablemente constituya todo un récord en materia de omisiones políticas. Ni siquiera el centenario de la primera presidencia de don José Batlle y Ordóñez fue motivo suficiente para convocar al «máximo órgano» a cumplir esa función simbólica que era de las pocas que le venían quedando». En cuanto al Comité Ejecutivo Nacional, sostuvo que «poco importa que se reúna o no, porque nunca decide ni discute nada de importancia. Desde el punto de vista político, es un cero a la izquierda». Pasquet volvió a cuestionar a los principales líderes colorados, ya que «las posiciones políticas no se definen de manera transparente para la ciudadanía ni para la masa partidaria, sino por decisiones de una cúpula cada día más estrecha; tan estrecha, que está compuesta hoy por dos personas, Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti. Ellos dos piensan y resuelven por todos los colorados, desde hace ya unos cuantos años.

El «debate político» ha quedado reducido, en la colectividad de Batlle y Ordóñez, a los enfrentamientos entre ellos dos; todos los demás observan, toman nota y acatan sin chistar, porque saben que «el que se mueve no sale en la foto». Se ha instalado en el Partido la cultura del verticalismo y el silencio. ¿Puede llamarnos la atención que un partido de estas características pierda prestigio a los ojos de la sociedad y poder de convocatoria frente a los jóvenes?».

La lucidez del enfoque nos exime de todo comentario. Visto este cuadro, ¿con qué autoridad la derecha conservadora lanza sus dardos envenenados contra la democracia frentista? *

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