La mesa está servida
Hace unos días estaba escuchando por CX 30 Radio Nacional al colega Julio Ríos en su programa de la tarde «Las voces del fútbol», cosa que hago habitualmente, más que nada porque se trata de un periodista deportivo que sabe, dice y predica que el mundo no empieza ni termina dentro de las rayas de cal de una cancha de fútbol y que en el país hay algunos problemas mayores que los que pueden generarse en el vestuario del estadio o en la concentración de Los Aromos o Los Céspedes.
Y en un reportaje que le estaba realizando a un dirigente del Club Atlético Peñarol, cuyo nombre reconozco el pecado no recuerdo, se trató sobre los problemas causados por los embargos de los bienes muebles de la institución, a causa de una deuda sin pagar correspondiente a un litigio por varios miles de dólares, que la Justicia determinó a favor del ex jugador de la institución Luis Alberto «Lucho» Romero.
Y fue en ese ir y venir de descargos que el dirigente aclaró muy suelto de lengua que el embargo estaba mal hecho, porque, por ejemplo, la mesa que utiliza el Consejo Directivo de Peñarol para reunirse en el Palacio Gastón Güelfi, sede de la institución futbolera, no les pertenece, por lo que estaba mal embargada. El colega Julio Ríos, como es lógico, preguntó a quién pertenecía entonces la susodicha mesa. Y el directivo, con un tono casi sobrador, dijo: «A la residencia Suárez». Se produjo un silencio que saltó de los micrófonos hacia fuera. Casi se cortó en el aire como una cosa espesa y, aunque la radio no tiene imagen, pudimos ver a través de esos segundos de silencio la cara de asombro de nuestro colega Julio Ríos y del escribano Nelson Filosi, que lo acompañaba.
Y como dándose cuenta que había metido la pata (algo que, si miramos bien, es lógico en un dirigente futbolero) trató de arreglarla, habló de un trueque, «cambiamos ésta por la otra» (explicó), pero ya la cosa estaba dicha. Al parecer, Julio María Sanguinetti habría sido quien llevó o prestó o cambió esa mesa entre la residencia Suárez y el Club Peñarol. Pero entonces resulta que esa mesa no es de Peñarol, que esa mesa es de todos nosotros. Y yo, como ciudadano uruguayo, no quiero pagarle parte de las deudas que tiene el contador Damiani con quien sea, ni siquiera con la mínima astillita de madera que me corresponde como propietario de esa mesa junto a los tres millones y pico de restantes propietarios que somos todos los ciudadanos de este país.
Y además denuncio al señor Julio María Sanguinetti por apropiación indebida de una mesa del mobiliario de la residencia Suárez, que es también, en una tresmillonésima y pico parte, de mi propiedad. Porque me pregunto: ¿cuántas mesas y mesitas y mesones y remesas y vaya a saber qué sacó sin nuestra autorización y sin ni siquiera informarnos, el señor Sanguinetti, cuando estuvo en la residencia Suárez como simple inquilino temporario?
Después de todo, los uruguayos ya estamos cansados de que nos dejen como siempre «debajo de la mesa». ¡Y será justicia! *
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