Otra vez la madre de todas las reformas
¡Nos obligan a salir! Otra vez reaparece el ex presidente Sanguinetti hablando de seguridad social. ¿Estará realmente convencido de lo que dijo? «El Partido Colorado prometió reformar el sistema de seguridad social y lo salvamos» Cumplieron. Fue durante un gobierno colorado, el suyo, que reformaron el sistema. Pero de ahí a que lo hayan salvado…
¿Artilugios de campaña electoral, en la cual, como viejo zorro, ya está metido de cabeza? Tiene derecho a estarlo. Es su legítima vocación. Es un experiente animal político. Reivindiquemos la política.
En el verano de 1995 estaba presente en el Victoria Plaza Hotel cuando las negociaciones políticas sobre la reforma, que nueve meses después se concretaría en la conocida y perversa ley de las AFAP. El contador Davrieux y el doctor Solari, representantes del Partido Colorado, explicaban al país las virtudes de las modificaciones que se proponían. Con el último de los nombrados, protagonizamos una fuerte discusión, que terminó jocosamente, cuando le recordé y agradecí, una muy buena mano que me había dado tiempo atrás en un aeropuerto, cuando regresaba de México. Una impertinente funcionaria no me permitía viajar, porque estando en tránsito, no tenía visa. El doctor Solari le arrojó el pasaporte diplomático diciéndole en voz alta: este es un ciudadano uruguayo, se va conmigo o no se va nadie. Decena de uruguayos esperaban. Ahí lo conocí. Posteriormente la vida nos llevó a enfrentarnos fuertemente.
Ambos jerarcas repetían los argumentos del Banco Mundial sobre las virtudes de la reforma: disminuiría el peso de la seguridad social y de la evasión, brindaría más libertad a los trabajadores, crecería el ahorro nacional, generaría mercado de capitales, desarrollaría el país y el empleo.
¿Resultados? Cayó el PBI un 17,5% en los últimos cuatro años. La inversión se vino abajo un 51% entre 1999-2000. Se estima que la deuda externa a fines del año 2003 igualará el alicaído monto del PBI, por lo menos.
¿Y el empleo? En 1998 la tasa de desempleo era el 10,1%. En 2003 trepó al 20%. Actualmente ronda el 18%, habiendo duplicado la tasa de América Latina.
Se estima que entre la gente desalentada que deja de buscar trabajo y los que han emigrado, la tasa de desempleo podría situarse aproximadamente en el 23%.
Con ese panorama ¿cómo sorprendernos que hoy tengamos un 2% menos de pasividades que en 1998, y que el monto promedio de las mismas haya caído casi un 20%?
¿Puede llamar a sorpresa que los cotizantes al BPS hayan disminuido más de un 6% en los últimos tres años, o que sólo el 45% de los afiliados a las AFAP tengan aportes en forma regular? Podríamos seguir.
Y la frutilla que faltaba: mientras estas cifras trágicas nos muestran un país transformado en «republiqueta bananera», Uruguay se ve sorprendido por un hecho insólito: las fabulosas ganancias de las AFAP. Han ganado más del 90% sobre sus ingresos o sobre su patrimonio, como les parezca.
Inaceptable, escandaloso, diría impúdico.
Al ex presidente no le convendría hablar más de «la madre de todas las reformas». Y ojalá que al presidente Batlle no se le ocurra nuevamente traer al Uruguay a José Piñera, ideólogo durante la dictadura de Pinochet del sistema de las AFP, en el cual se inspiraron nuestros prohombres de la Seguridad Social. *
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