Los antecedentes de Tabaré Vázquez
En «Marcha» en 1973, un año antes de la clausura, nuestro recordado Hugo Alfaro hizo dos «Reportajes a la realidad» notables sobre el barrio de La Teja. El 23 de febrero sobre el Club Arbolito, con el titulo «A la sombra de un arbolito en flor» y el 16 de marzo sobre Ancap y el supergás, que tituló «El petróleo es eso».
En forma casual unas fotocopias llegaron a mis manos y transcribiré algunos de sus pasajes, porque en un artículo no hay espacio suficiente para más, pero sugiero a los medios de prensa su publicación íntegra sobre un hermoso pasaje de nuestra historia.
Sobre el Club Arbolito: «Recuerdo cuando llamé al club para concertar esta entrevista: –¡Hola! ¿El Arbolito? De Semanario Marcha, señor, querría hablar con el doctor Tabaré Vázquez o con Daniel Marsicano. ¿Ellos están?
Están, sí señor. Están clavando tablones. Un momento, no corte que los voy a llamar.
Y aquí empieza una linda historia que los Marsicano, los Morales, los Reyes, los Romero, los hinchas anónimos y el presidente actual del club, doctor Tabaré Vázquez, me cuentan con el tranquilo entusiasmo del que recorrió parte del camino y sabe adónde va».
Sobre Ancap y el supergás, «La Teja es una olla y en el fondo de la olla está la refinería de Ancap. No hay allí pues, buena circulación de aire. El olor a gas, que proviene de las emanaciones por fuga, casi lo marea a uno, aún antes de entrar al taller. Para el visitante es la sorpresa y la molestia fugaz. Para los trabajadores es la pérdida de la salud y la enfermedad, cuando no la invalidez. Aquí surge, como la rama de un arbolito, una historia personal. Siendo apenas un pibe, Tabaré fue el protagonista silencioso de varias angustias hogareñas: las dolencias gástricas de su padre, que trabajaba en la refinería de Ancap, y los riesgos de la lucha gremial que, siendo éste un dirigente, apuntaba entonces sus baterías contra la dictadura de Terra. Además Héctor Vázquez hubiera querido demostrar que sus dolencias y las de sus compañeros eran el resultado de las condiciones en que se trabajaba en La Teja. Carente de los medios técnicos nada pudo probar. Pero transmitió aquel propósito obsesivo a su hijo. Y éste prometió que cuando fuera grande sería médico y que cuando fuera médico, etcétera, etcétera. Hoy el doctor Tabaré Vázquez podría decir (pero no dice): Misión Cumplida. Trabajó hasta reunir las pruebas que habían resultado inalcanzables para su padre y puso toda su albor al servicio del sindicato de obreros del supergás».
Este testimonio de Hugo Alfaro, nueve años anterior a que Tabaré Vázquez entrara en política en 1982, cuando en plena dictadura ingresó al Partido Socialista, que era clandestino, en su sencillez y en su notable contenido humano, es la mejor respuesta a la sucia campaña contra él que han desatado algunos sectores políticos y medios de prensa, en un inútil empeño de obstaculizar su camino, cada día más seguro, a la Presidencia de la República. *
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