San José: 220 años de rica historia

«Acompaño a mi sombra por la avenida mis pasos se pierden entre tanta gente busco una puerta una salida donde convivan pasado y presente…De pronto me paro alguien me observa levanto la vista y me encuentro con ella y ahí está, ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá.»

El próximo domingo 1° de junio es el cumpleaños de nuestra ciudad. Efectivamente 220 años cumple nuestra querida San José de Mayo, 220 años de rica historia para conocer y para recordar.

Ahora bien, también otro 1° de junio pero más cercano –en el año 1873– se inauguraba la Pirámide a la Paz de Abril, el clásico «monumento de los leones» erigido en la Plaza de los Treinta y Tres, estampa muy reconocida de nuestra ciudad que es motivo de orgullo para los maragatos y que está cumpliendo 130 años de pétrea existencia.

Ese monumento es indudablemente nuestra Puerta de Alcalá, porque «ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo…» testigo mudo de las décadas que transcurren, las modas que vienen y se van, testigo callado de las viejas y las nuevas generaciones de maragatos que se reúnen en sus alrededores con mayor o menor espontaneidad.

Y yo siempre he sentido «un qué sé yo» o «un no sé qué» con respecto a ese magnífico monumento, un vínculo fuerte con él, una noción potente de identidad confirmada. Me recuerdo niña aun trepándome a los leones por esos escaloncitos que parecen tan angostitos, mientras escuchaba a la Banda Municipal algún domingo de invierno al mediodía… me recuerdo después siendo adolescente liceal, cuando «el Profe de Historia de tercer año» Don Héctor Raúl Olazábal, nos mandó la tarea domiciliaria de ir hasta la Pirámide, tomar datos sobre todos los nombres y fechas del monumento y averiguar dato a dato, fecha a fecha –consultando los libros de la asignatura– qué significado tenían todas las inscripciones.

Y después –maestra ya– concurriendo con las clases plenas de niños bullangueros a observar el monumento y conversar por ejemplo, sobre los cuatro querubines, símbolos de la agricultura, la industria, la ciencia y el arte o contarles –a los alumnos más atentos que permanecen más rato indagando sobre los detalles que observan– que los leones en estatuaria siempre representan la fuerza y la lealtad y que los pendones, las frutas y las flores de mármol blanco que hallamos ornado el monumento, representan la abundancia que se alcanza con la paz.

Luego se viene a mi memoria el año 1998, cuando nuestra Pirámide cumplió 125 años de serena vigilia y pudimos sacar un sello conmemorativo para que su estampa se difundiese por los confines del país y del mundo.

Y los recuerdos en relación a «nuestra puerta de Alcalá»son para mí muchísimos –aunque no se asusten amigos lectores– que por aquí termino con mis anécdotas, por no aburrirlos con tanto intimismo.

Pero la reflexión «del estribo» es imposible omitirla, pues la Pirámide a la Paz de abril de 1872 (que fue declarada monumento histórico en enero de 1992) es una verdadera exoticidad que más tendríamos que destacar y ensalzar, porque no hay en ningún lugar del país, un monumento que celebre haber logrado «LA PAZ», haber alcanzado después de crudos tiempos de luchas fratricidas, momentos de entendimiento, momentos de acuerdo, momentos de reconstrucción nacional. Hay decenas de estatuas, de frisos, de monumentos que reconocen los triunfos de guerra, las batallas ganadas, que han inmortalizado a los héroes que han poblado nuestra historia plagada de luchas, conflictos, rebeliones, invasiones. Pero «LA PAZ» parece que nunca ha estimulado a los pueblos ni a los creadores y por lo tanto esta pirámide y el pueblo de San José que quiso tenerla en el centro principal de su ciudad, merecen ser reconocidos en su inmensa singularidad y merecen ser tenidos en cuenta como un valioso aporte a nuestra cultura local y nacional.

Y justamente en este año 2003 –que tuvimos que manifestarnos contra la guerra y a favor de LA PAZ en el mundo– nuestra Pirámide, nuestra Puerta de Alcalá, cumple 130 años.

No tengo la menor duda, me siento feliz de que siempre en su entorno nazcan estas manifestaciones masivas de solidaridad. Me siento conforme de que siempre de su vientre nazca la Marcha de los Desaparecidos que celebramos todos los 20 de mayo. Es como que el mismo espíritu, la misma concepción, el mismo idealismo que erigió la Pirámide allá por el año 1873, continuara presente en nosotros.

Por ello:

» La miro de frente me pierdo en sus ojos sus arcos me vigilan su sombra me acompaña no intento esconderme nadie la engaña toda la vida pasa por su mirada. Mírala, mírala, mírala, mírala la Puerta de Alcalá. Mírala, mírala, mírala, mírala la Puerta de Alcalá». *

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